jueves, 31 de agosto de 2017

SONETO A JORGITO VERBORREO, TAMBIÉN CONOCIDO COMO EL PAPANATAS PACO G.





Mala es la testa que oculta la tiara;
es báculo mendaz el que la silla
sacra del viejo pescador mancilla,
que está pasando por el aro el ara.

Tanta iniquidad nadie imaginara,
pues padre no es quien a la Madre humilla,
ni pastor el sayón que hace papilla
a su rebaño, ya en trance de piara.

No a los sátrapas, ni al becerro de oro,
es al Rey a quien has de rendir culto.
Tu máscara afable, aun haciendo el coro

los siniestros, ¡ay!, sospechoso bulto,
no me engaña, pues lo que eres no ignoro:
tras la casulla hay un mandil oculto. 



Pirámide y ruinas en Roma... No me gusta, no me gusta...











   
  

lunes, 28 de agosto de 2017

APOLO Y DAFNE



   Pelillos a la mar. Don Anselmo y yo hemos hecho las paces. Y como prueba de mi buena voluntad ahí dejo caer otro de sus sonetos mitológico-cachondos, con cierto tufillo a refrito. Esta vez las notas son mías. Se cierra la triología. Más cosas se cierran...




Iba caliente1 como nunca Apolo,
queriendo dar diana a la saeta;
el ciego dios2 en vengativa treta
le ha dorado de una ídem el gladiolo.

Corrido3, y en el trance, ante tal dolo,
a Dafne halla, y se lanza cual cometa
de ígnea cola en pos de hermosa meta,
por no tener que darse el gusto solo.

Con más plomo4 que aplomo, y es de río5,
muy seca6 echa a correr como una loca,
rezando a su papa7 en su desvarío.

Y cuando el encendido dios la toca
se le escabecha todo su extravío:
vinagre8 ninfa en un laurel se troca.

¿El primer cambiazo ese? No me fío,
que de carne en Febo algo mudó a roca.



___
1. Al estar asociada esta divinidad al sol, es lógico que estuviera siempre calentito. Lo que ocurre es que a la sazón tenía más calores que de costumbre. No son cosas de la juventud ni de estos griegos antiguos tan fogosos: los motivos se verán en la nota siguiente.
2. El ciego dios es Eros, deidad del amor y rijosidades varias. Apolo, que llevaba un arco de no te menees y flechaba divinamente, nunca mejor dicho, se había burlado de aquél por lo pequeño de su arco y sus saetillas. Quzás se burlase de otras pequeñeces. El caso es que Eros lo tomó a mal y se quiso vengar: le sacudió un flechazo de oro a Apolo, que quedo prendado de amores de la primera moza que vio, esto es, Dafne; y a ésta la asaetó con una de plomo, con lo cual no quería ver al tórrido Apolete ni en pintura, aunque fuera de Rafael. Y claro, jaleo al canto
3. Entiéndase como avergonzado. Lo otro se da por entendido. Mejor será dejarlo correr, por más que quede feo decirlo así.
4. Véase nota 2.
5. Dafne era hija del dios río Peneo.
6. Seca entendido como "desagradable, poco afable en el trato" y como....Téngase en cuanta la anterior nota para entender el soez chiste. Y me niego a dar más explicaciones. Este Anselmo es un guarrete.
7. Según parece, la nena invocó a su padre para que la salvara. Y en vez de aparecer escopeta en mano y todos a la vicaría se dio una de esas famosas metamorfosis de la Antigüedad, por la cual Dafne se convirtió en un laurel.
8. Vinagre: "persona de genio áspero y desapacible". El vinagre, como el laurel, son básicos para hacer el escabeche, que, en este caso, se refiere a que las posibilidades de mojar se le esfuman al amigo Febo. Como no mojase en el escabeche.




No es lo que parece, sino todo lo contrario. Ya le hubiera gustado al galán...








jueves, 24 de agosto de 2017

SONETO DE DON ANSELMO DEDICADO A UN SERVIDOR EN EL QUE SE ACONSEJA LA INACCIÓN Y EL "DOLCE FAR NIENTE", CUAL RESPUESTA A UNO MÍO DONDE DESPOTRICABA CONTRA LA FAUNA IBÉRICA. POR AÑADIDURA, FALTARÍA MÁS, SE DA LA DEBIDA CONTESTACIÓN



   Vivir para ver. Imagino que querrán saber por qué digo esto. Me explico: el otro día el besugo de Mochales dio con sus huesos en La Caverna, como lleva haciendo de un tiempo a esta parte con poco grata asiduidad. Traía el gesto un tanto descompuesto, fruncido el ceño y el morro torcido. Lo que se dice cara de pocos amigos, aunque no entiendo porque esa escasez ha de hacernos enojar, si lo bueno es tener por amigos los justos, o menos, y buenos. Y ya se sabe que la cantidad es enemiga de la calidad. Mas al grano.
   Pensaba yo que venía a endosarme algún bodrio de los suyos, pues a poco más viene, si no es a saquear, sobre todo a costa de mi liquidez, doblemente. Además, recuerdo haberle oído mencionar algo sobre cierto soneto que cerraba su trilogía de petardos mitológicos, versillos que ya había encasquetado en el Club de marras ya varias veces citado, y que deseaba colocar de nuevo. No iba del todo uno desencaminado, aunque la naturaleza de las rimas era de otro jaez. Al llegar frente a mí me pone delante un pliego con unos versos garrapateados con una letra horrible y sin decir esta boca es mía me apremia para que los lea. Siempre he tenido a Mochales por un excéntrico con algún cable pelado en la azotea, y las más de las veces no me ha importado, ya que lo he tomado a chufla. Así pues, le seguí el juego y leí. Y vaya con lo que leí. Según parece el último soneto que mi pobre cacumen había dejado caer por estos penumbrosos lares le había dado bastante por saco. Quién se pique, ajos coma.  El caso es que me ponía a caer de un burro, de seguro el arquetipo de ídem que yo criticaba en mis consonantes.
   Una vez terminados los catorce latigazos con consejo incluido le devolví el papelajo a su dueño como quien no quiere la cosa. Inmutable. Al cabo de unos segundos de silencio, el amigo Anselmo me espetó un "y qué", respondido con el consabido "qué de qué"... Ocioso es reproducir la conversación que siguió a tan fascinante e ingenioso intercambio de palabras. No teman, pues. Sólo diré que todo quedó en un intento de justificar Mochales su acción, la cual era, incluso, digna de agradecimiento según su opinión: que si todo lo había hecho por amistad, que si era necesario que alguien me cantara las "verdades del barquero", que si debía cambiar mi carácter y refrenar mi misantropía, que no todo era tan malo, que si alegría, jolgorio, viva la vida y patatín, patatán. Vamos, que se presentaba como un Zópiro quien tiene más de zoquete y de gaznápiro.
   Luego de tan ardiente discurso de mi salvador y faro en mis tinieblas, igual de impasible quedé. Le agradecí sus desvelos, no sin la cierta pizca de ironía que pedía el caso.Ya iba a darme la vuelta para irme a ocuparme de cosas más provechos, como, por ejemplo, sacarme la cera de las orejas, cuando un carraspeo tan impostado como estruendoso me hizo saber que la conversación no había terminado. Un "¿algo más?", mirada fulminadora incluida, dio pie a una pausa dramática en la que Anselmo me quería insinuar con un gesto indefinible, entre imperioso y suplicante, pícaro y bobo, que debía adivinar sus intenciones. Eran cristalinas. Quieren creer que el muy majadero tenía todavía la pretensión de que le publicara en La Caverna la diatriba... y que, ya es el colmo, encima le escribiera yo las notas. Al final, tanta desfachatez me hizo hasta gracia, y todo mi enfado se disolvió como un azucarillo en el agua ante la situación, en la que no era lo menos cómico la esperpéntica estampa del vejete. Y ya no pude contener la risa cuando volvió el poeta satírico y cachondo, como él se define, a la carga y se puso a discurseaar: y qué de razones, qué manera de pontificar, qué aspavientos, cuánta retórica de oropel... Y venga "perico al torno" con lo de que es por mi bien, que debía abrir los ojos y dejar las oscuridades, que si era mi deber publicarlo por mor de la tolerancia y la libertad, que si hay que estar a las duras y las maduras, admitir las críticas y saber reírse de uno mismo... Viendo que la cosa se alargaba, y por no oírle más, le pedí que no se preocupara, que ya le publicaría el soneto para que no dijeran que no sé encajar las críticas. A decir verdad, el soneto, como todos los de Anselmo, no es que sea una maravilla, con tener su sal y, por qué no decirlo, su punto de razón, aunque en la esencia está errado, a mi modo de ver: las vendas y los bálsamos, y el tomarlo todo a chirigota, además de ser síntomas de almas de pocos alcances, puede ser muy peligroso a la larga. No obstante, aquí lo dejo caer, pues en el fondo me cae bien este vate tronado y tronera, con sus cosas, y me cuesta negarle lo que tanta ilusión le hace. Por otra parte, espero que quien lea sus rimas se ría un poco y se huelgue de las ingeniosidades, si las hubiere, de Mochales, aunque sea a costa mía. Pero lo de escribirle las notas, nada de nada. Las ha hecho él solito, y se ha lucido la criatura.
   Por otra parte, es mi deber confesar que otra de las razones para publicar el soneto Anselmiano radica en el hecho de que mientras leía sus fustigadoras rimas una chispilla de ironía y mala leche se encendía en mí, y que comencé a notar los pellizcos de la Musa juguetona y picaruela. Y con lo escaso de inspiración que estoy de un tiempo a esta parte no podía dejar pasar esta llamada. Así, le puse a Mochales como condición sine qua non el que si su soneto veía la luz en mi antro la replica iría acto seguido. A fin de cuentas, esta es mi casa y yo decido qué se publica, y eso de estar a las duras y a las maduras reza para todos: si yo como "criticón" debo tragar cuando se me critica es de justicia que Anselmo reciba la consabida respuesta por su vapuleo a mi humilde persona. No me dio la impresión de que la idea le entusiasmara, precisamente, pero no le quedaba otra que tragar. Dio su placet y yo me puse manos a la obra.
   Sin más dilación, que hay que ver lo que me alargo para introducir dos naderías (cualquiera pensaría que es algo importante), les largo el duelo singular que hemos tenido don Anselmo Mochales y un servidor, Diógenes de la Cueva. Mas no crean que ha sido al alba, que eso de madrugar... Que ustedes lo disfruten. Y tomen el partido que quieran, por supuesto, pero no sobra recordar que las llaves de la bodega las tengo yo. Hasta otra.     



¿Qué rezongas, sujeto amostazado?
¿Qué despotricas en tu soledad?
¿Tan mal te huele acaso nuestras edad
para que siempre estés tan atufado1?

Tanto vino te tiene avinagrado,
y el mal vino2 me da que es vanidad,
pues muchos humos gastas; en verdad
ha de ser por estar tan requemado.

A qué si el mundo es malo y trapalón.
¿Vas a arregarlo, Momo3 cavernoso,
echando fuego y dando quemazón4?

Hacer algo es hacer ya mucho el oso.
Que les den: aprende, pues, mi lección
y date en tu retiro a lo gozoso.



___
1. Ya sea envenenado por el tufo o enojado, enfadado. Es un juego de palabras.
2. Tener mal vino es tener mal carácter, que, todo sea dicho, la bodega de Diógenes no es moco de pavo.
3. Este dios ocioso solo servía para reprender todo lo que los demás hacían, sin perdonar falta alguna por pequeña que fuese.
4. Se entiende en este caso por quemazón el disgusto que toma quien recibe palabras fuera de su gusto. Ociosas más explicaciones. Es otro juego de palabras.



*          *          *


 Respuesta de Diógenes

Amenista1 sin misa2, de lo ameno
siervo; pájaro3 sin decir ni pío;
chocarerro bufón del desvarío
que arrastras por el lodo el zafio seno,

¿te apenas porque justamente peno?;
¿te ríes si de todo no me río?
Y pues no callo y además porfío
me lanzas tan campante tu veneno.

Panarra4 me quieres, bobo Mochales,
y que me dé sin lucha al alborozo.
Para otro tragaderas abismales

y ponerse la venda ante el destrozo.
Habiendo tantos malos como males
darles cera será mi mayor gozo.



___
1. Que a todo le dice amén.
2. A pesar de tanto amén, es sabido que don Anselmo no es hombre de ir mucho a la iglesia y sí a otros lugares que no es menester nombrar. Aunque no se prive del vino, lo de comulgar no es lo suyo. Y qué bien le vendrían unas buenas hostias.
3. Hay que decir que menudo pájaro está hecho. Ni dice pío cuando debe ni lo es el angelito.
4. Simple, mentecato, dejado y flojo.




En los buenos tiempos así se resolvían las disputas. Si llego a pillar a Mochales en aquel entonces...











miércoles, 2 de agosto de 2017

SONETO A LA QUEVEDESCA MANERA SOBRE UN ESPAÑOL CUALQUIERA , YA SEA UN PACO, UN PEDRO O UN PABLO, DE LOS MUCHOS QUE ABUNDAN Y SOBRAN EN ESTA ESPAÑA NUESTRA, SOMBRA DE LO QUE FUE Y PASTO DE SOMBRAS ETERNAS




  Amarga queja de los tiempos que vivimos y nostalgia de los antaños. 



Érase un español a un bar pegado,
érase un orgulloso con pereza,
érase un torbellino de bajeza,
érase un envidioso atarugado;

era un altivo esclavo sojuzgado, 
érase un monumento a la vileza,
érase un cafre, gacha la cabeza,
mas siempre por futesas cabreado.

Érase un zafio en vías de tronera,
érase un soberbïo que fatiga,
quien se cree un señor y es un cualquiera;

érase una razón en la barriga,
quejoso que no da y todo lo espera
y al que los demás importan una higa.




"Usted no sabe con quien está hablando"