martes, 21 de febrero de 2017

DÉCIMAS MISANTRÓPICAS



   "Nunca quise agradar al pueblo, pues lo que yo sé 
no lo aprueba el pueblo, y lo que aprueba el pueblo,
yo no lo sé."

                      Epicuro








   Buscando en mis baúles, que malo es el ocio, miren lo que he encontrado: unos versos a vuelapluma que garabateé justo antes de venirme a esta Caverna, cuando ya estaba firmemente decidido a abandonar la compañía funesta de los seres humanos. Vayan dedicados, pues, a la mayoría, ya que los han inspirado, así como a la selecta minoría, que a buen seguro los hará suyos.



Qué espectáculo penoso
ofrecen mis semejantes,
trozos de carne parlantes
de continuo haciendo el oso.
¡Ay, rebaño estrepitoso!
Qué hacer ante la jauría:
tal vez lo mejor sería
darle al codo un buen meneo
con las aguas del Leteo*
y no ver un nuevo día.


Pero, de qué estoy hablando;
detente, sinrazón, para:
¡al diablo vaya esta piara!
Yo vivito y coleando,
a los más les vayan dando,
tan feliz me doy el piro.
A las sombras me retiro;
y a solas frente al ocaso,
al orbe no haré ni caso.
No saldrá de mí un suspiro.


¡Ah, soledades amenas!
En dichosa lejanía
pasará la vida mía,
sin angustias y sin penas.
Pasen mis horas serenas.
Ajeno al trasiego humano,
con un buen libro en la mano,
en mi sosiego profundo
me he de ciscar en el mundo
mientras me fumo un habano.



*Mejor que sea el trago de algo espiritoso que reavive, y no al contrario. Creo que los insignes poetas don Fernando Fajardo y don Luis Varela tendrán una más que sensata sugerencia al respecto.





Con la música a otra parte...
    














jueves, 16 de febrero de 2017

UN PASEO POR LA BELLEZA DESCONOCIDA (III)







Espíritu de la  Belleza que consagras
con tu lumbre el humano pensamiento
sobre el que resplandeces, ¿dónde has ido?
¿Por qué cesa tu brillo y abandonas
este valle de lágrimas desierto?
¿Por qué el sol no teje por siempre
un arco iris en tu arroyo?
¿Por qué cuanto ha nacido languidece?
¿Por qué temor y sueño, vida y muerte
ensombrecen el mundo de este modo?
¿Por qué el hombre ambiciona tanto
odio y amor, desánimo, esperanza?

Shelley




   Con el alma embriagada tras nuestro vagar, silenciosos pasos nos llevan a Alemania, de la mano de nuestro guía. Es su patria. Aquí están sus huellas. No tengo fuerzas para seguir hablando... Pero, antes, una parada en Francia.



Franz Ludwig Catel


Antes de navegar sobre el olvido, quiero ser viento tempestuoso, para alcanzar tu alta ventana, y contemplarte furtivamente un último instante.
Con esa imagen en mis ojos me adentraré en el turbulento mar, con mi desesperación.
Allí te aguardaré por la eternidad, susurrando tu nombre entre el sonido de las olas.


B…






  

Quisiera llorar lágrimas amargas al ver el día, que en su curso no saciara uno solo de mis anhelos...

Goethe



Georg Friedrich Kersting

¿Deseas que te amen? No pierdas, pues, el rumbo de tu corazón. Sólo aquello que eres has de ser y aquello que no eres, no. Así, en el mundo, tu modo sutil, tu gracia, tu bellísimo ser, serán objeto de elogio sin fin y el amor... un sencillo deber. 

Poe






Carl Gustav Carus


Yo partiré. ¡Tal vez dentro de mucho tiempo
vuelva a verte, Diotima! Pero el deseo ya se habrá desangrado
entonces, y apacibles como bienaventurados
nos pasearemos, forasteros, el uno cerca al otro conversando,
divagando, soñando, hasta que este mismo paraje del adiós
rescate nuestras almas del olvido
y dé calor a nuestro corazón.

Hölderlin



Carl Gustav Carus


Evaporaban las rosas
los perfumes de sus almas
para que los recogieras
en aquella noche mágica;
para que tú los gozases
su último aliento exhalaban
como en una muerte dulce,
como en una muerte lánguida,
y era una selva encantada,
y era una noche divina
llena de místicos sueños
y claridades fantásticas.

Poe



Carl Gustav Carus



Ernst Ferdinand Oehme


 Contemplo al pie del túmulo la pena
que besando a la bruma va pasando,
y prosiguen las almas su condena
al tïempo una cruz las va guiando.

A las Moiras la noche se encadena,
y cruzan su imperïo murmurando,
los müertos en tétrica cadena
que sedïentos de luz van arrastrando.

Eterna es la duda do caminan
las almas prisioneras bajo el viento,
paz buscan con ansïa, mas terminan,
hallando en su procura el sufrimiento.

Fernando Fajardo



Ernst Ferdinand Oehme




Carl Eduard Ferdinand Blechen

 Siento ahogarse mis ávidos deseos
en el abismo amargo que blanquea;
se arremolina el agua, danza el barco,
el viento cada vez se hace más fresco.

¡Está tan dolorida el alma mía!
El océano se hincha, suspirando,
y su desesperado pecho me parece
como un amigo fiel que me comprende.

¡Penas de amor perdidas, adelante,
esperanzas truncadas, ilusiones
apeadas de alturas ideales,
podéis saltar hasta los surcos húmedos!

¡Id al mar, sufrimientos del pasado
que volvéis nuevamente para hurgar
en vuestras cicatrices mal cerradas
intentando otra vez que lloren sangre!
                                                                                    
Gautier


Carl Eduard Ferdinand Blechen




Karl Friedrich Lessing

Relumbra sereno el río
y sobre su espejo inmoble,
mi nave en el incoloro torso nada
so el cielo de plomizos y cobrizos,
por Kairós así manchado;
ya tu escarpado contorno,
cuyo fortaleza al mundo asombra,
 ante mí gozoso veo,
 fenecen ya mis pesares y mis penas
frente a tu soberbia frente;
y sueño con el abrazo del fuego
que tu seno a mi pecho guarda.

Luis Varela



Karl Friedrich Lessing

Llora en silencio mi alma solitaria,
excepto cuando esté mi corazón
unido al tuyo en celestial alianza
de mutuo suspirar y mutuo amor.

Es la llama de mi alma cual aurora,
brillando en el recinto sepulcral:
casi extinta, invisible, pero eterna...
ni la muerte la puede mancillar.

¡Acuérdate de mí!... Cerca a mi tumba
no pases, no, sin regalarme tu plegaria;
para mi alma no habrá mayor tortura
que el saber que has olvidado mi dolor.

Oye mi última voz. No es un delito
rogar por los que fueron. Yo jamás
te pedí nada: al expirar te exijo
que sobre mi tumba derrames tus lágrimas.

Lord Byron






Julius von Leypold


Ese soy yo, que al acaso
cruzo el mundo sin pensar
de dónde vengo, ni adónde
mis pasos me llevarán.

Becquer



Andreas Achenbach

Al pie del mar recordadme,
bajo la luz o en calimas,
con el torso hecho jirones,
cual la quilla de mi nave,
lejos de las altas torres
que en tierra al espacio atrapan;
para dar la vida al mar vivo,
para en él morir nací

Luis Varela



Andreas Achenbach



Oswald Achenbach

En cautiverio oscuro y tenebroso
mis días en silencio se arrastraban,
sin la deidad y sin la inspiración,
sin lágrimas, sin vida, sin amor.

Mas ahora que el despertar llegó a mi alma,
y de nuevo apareces ante mí,
lo mismo que una efímera visión
igual que un genio de belleza pura.

Y el corazón me late arrebatado
porque en él nuevamente resucitan
la inspiración y la divinidad
y la vida, y el llanto y el amor.

Puschkin



Oswald Achenbach




                                                   ¡Sólo quien conoce la nostalgia
Ferdinand Knab
puede entender mi sufrimiento!
Sola y separada de toda alegría,

Contemplo el firmamento desde todas partes.
¡Ah! Quien me conoce y me ama 
está muy lejos.

Me da vueltas la cabeza el pecho me quema. 
¡Sólo quien conoce la nostalgia 
puede entender mi sufrimiento!

                                                      Goethe


Ferdinand Knab


Faetón desmayaba en el Oriente
de la Hora ya su vuelo fatigado,
y en el lejano margen recostado
al imperio de Nix se hace obediente.

El solar rayo a la pupila hiriente
que en el cenit de Apolo es disparado,
el füego de su astil ve apagado
por la linfa umbría de Ponïente.

Con su fin conmuévese y fascina
el poeta que envüelve en su misterio,
y encuentra son las rosas su tesoro.

Y la terraza que al pensil domina,
ve canta a las ondas un salterio,
que visten su luto en lïenzos de oro.

Fernando Fajardo




Ferdinand Knab


...cierto jardín por el que antaño paseó una ilusión.
Me acerco a la verja que me separa de mis recuerdos... surge como en un ensueño una voz, unas hermosas palabras que me hablan de promesas eternas.
Pero no, no es posible. Ese dichoso tiempo pasó.
Es sólo el murmullo del viento, ese que ahora me hiela el alma...


B






   Llegamos al final de nuestro viaje. ¿El final? Tal vez sea el comienzo...
























martes, 7 de febrero de 2017

UN PASEO POR LA BELLEZA DESCONOCIDA (II)




…y el ocaso me escucha.
   
Keats



   ¡Oh, Potencias Celestes! ¡Espíritus sublimes! ¡Bellapher, esencia de la belleza que portas en tu dorado seno hermosuras simpar! Acudid a mí y concedme vuestro dones. Buenos vientos nos han llevado a estas regiones... Crucemos ahora piélagos violentos; subamos a las altas cumbres nevadas donde la paz del alma nos eleva de nuestra pequeñez. Conozcamos la desolación de los páramos. Huímos de la mezquindad. La noche cae; soledad... Mas, ¡silencio!, viejos espectros hablan. Otros, juveniles e igualmente vigorosos, entonan su canto al son de una dorada lira. Los ecos se confunden...   Procuraré que mi torpe voz de cicerone no moleste demasiado.
   Partamos, pues. Empecemos por España. Luego al norte, con una parada antes en la hermosa Galicia, donde nos aguardan...




Jose Gartner de la Peña



Carlos de Haes

 ¡Tu música, oh montaña, descifra la armonía del corazón, que late ya más puro que antes; a las almas egregias brindas tu compañía, y sus conciencias tornas puras como diamantes!

Shelley 

Carlos de Haes



Jenaro Pérez Villaamil


Otra vez a tu lado, mustio, llego
del mundano engaño desengañado,
otra vez el alma en sangre bañada,
el corazón en cenizas deshecho.

Esta vez el abrazo dulce ruego
de la paz que tu suelo sacro obsequia,
entre las sombras tu sacra luz veo
y en tu seno eterno quedarme quiero.

De mis males la cruz la tumba sea,
el seco tronco mi postrero amigo,
y el cielo la llama que al pecho abrigue;
olvide el mundo al hombre que ayer fui.

Luis Varela





Jenaro Pérez Villaamil


Pétreo, formidable, adusto y fuerte,
te elevas sobre el seno de la tierra,
y a la parte que al orïente aferra,
da cara tu orgulloso contrafuerte.

El lienzo que en almena se convierte
trepa la alta cima que lo encierra,
y piensas, titán templo de la guerra,
no pueden los cielos contenerte.

Imperator, de vértigos y alturas,
a ti con ecos de águila proclamas;
tu torre, prender al Sol maquina.

De nubes son testigos sus alburas,
que tanto el fervor de la soberbia amas,
que crees ante ti una Cruz se inclina.

Fernando Fajardo





   La luna baña con su luz a las viejas ruinas, que dormitan entre la indómita Naturaleza... Estamos en la Pérfida Albión. No todo ha de ser malo lo que venga de allí...




Abraham Pether

 Ya de la noche el aliento
la infinidad, frío, llena,
de la oscura bruma Diana
con su lumbre fría brota.
Eco de férvida llama
que a los ojos ya guardada,
pálidos grises descubre
y del cielo velos esmalta.
Brama el mar en gris envuelto,
trémulos sobre un cantil,
su esperanza dos hombres
librar quieren con frágil sirga armados.

Luis Varela



Abraham Pether


En lúgubre silencio sepultados,
yacen los mares, cielo, tierra y viento;
la luna va, con tardo movimiento,
por medio de los astros enlutados.

Duerme el feliz pastor con sus ganados,
paran las aves su canoro acento,
y de la noche el manto soñoliento
al hombre da descanso en sus cuidados.

¡Salve, oh luna! Salud, nocturno velo,
tan deseado del dichoso amante;
así entoldases siempre el alto cielo,

y de Febo jamás la luz radiante,
iluminando el espacioso suelo,
viese mi llanto triste e incesante.

Espronceda




Sebastian Pether


De anhelos las pïedras perfumaba
la Luna albina en la hora prodigiosa,
y bebiendo las sombras, silenciosa,
de su luto a las fuentes desnudaba.

A los lïenzos muertos que pintaba
de argento con mano cadencïosa,
envüelve la senda pïadosa
memoria del paso que guardaba.

Da refugio la seo en su esqueleto
a idos ecos de santa Eucaristía;
del tiempo el tranco en su ara quedó quieto.

Trocó en musgo la seda que vestía,
y hoy todo en ella espanta y es secreto
cuando impera la noche en la abadía.

Fernando Fajardo



Thomas Cole


…Nada queda a su lado. Alrededor de la decadencia
de estas colosales ruinas, infinitas y desnudas
se extienden, a lo lejos, las solitarias y llanas arenas.

Shelley





Thomas Cole


¡Virgen poderosa, oye mi plegaria!
¡Reina de los Cielos! ¡A ti te imploro!
¡Permite que me convierta en polvo!
¡Oh! ¡Llévame de este mundo
y concédeme que ingrese,
pura y sin mácula en tu reino!
Si presa de fantasías
mi corazón te ignoró;
si alguna vez me venció
un deseo impuro, una vanidad terrenal,
he luchado con todas mis fuerzas
para expulsarlos de mi alma...
Por eso, vuelve tu bendita mirada
hacia mí, aun pecadora,
y permite que me acerque a ti.
Con toda la devoción de mi espíritu
he de implorar el preciado regalo
de tu perdón para mis ofensas.

Wagner





John MacWhirter


   La noche es fría. Conviene atizar el moribundo fuego. Enciendo mi pipa. Un poco de viejo Oporto me hará entrar en calor. La luz misteriosa, irreal, envuelve mis recuerdos... mi melancolía. El desarraigo... ¿Y si todo fuera un sueño?



John Atkinson Grimshaw

  Todos duermen, menos yo,
todo en el mundo reposa,
la campana enmudeció
el aura sobre la rosa
tranquila se adormeció.
Sordo el río susurrando
me acompaña solamente,
y con su murmullo blando
me hace acordar inocente
que el tiempo se va pasando.
Pero vano mi pensar
se pierde allá con su ruido
los dos iremos a dar
yo al seno del eterno olvido
y él al seno de la mar.

Campoamor


 Meditación    John Atkinson Grimshaw


Por el camino enfangado que me llevaba hasta él, hoy, entierro mis ilusiones.
Contemplo las oscuras y profundas aguas, intento redibujar mis recuerdos. Sus palabras... su poderosa mirada... busco inútilmente algo que reavive mi corazón.
Mi anhelo se marchita bajo la alargada sombra de nuestro viejo sauce, antaño, mudo espectador, y cómplice de nuestra felicidad.

B…







John Atkinson Grimshaw




   Prosigue nuestro periplo. Lo Bello y lo Sublime se dan la mano en conmovedora armonía. Vayamos a la Madre Rusia a estremecernos... Pero antes de parar en la Corte de los Zares hagamos unas breves paradas. Un austriaco y un danés.



Johann Nepomuk Schödlberger


 Olas gigantes que os rompéis bramando
en las playas desiertas y remotas,
envuelto entre la sábana de espumas,
¡llevadme con vosotras!

Ráfagas de huracán que arrebatáis
del alto bosque las marchitas hojas,
arrastrado en el ciego torbellino,
¡llevadme con vosotras!

Nubes de tempestad que rompe el rayo
y en fuego ornáis las desprendidas orlas,
arrebatado entre la niebla oscura,
¡llevadme con vosotras!

Llevadme por piedad a donde el vértigo
con la razón me arranque la memoria.
¡Por piedad! ¡Tengo miedo de quedarme
con mi dolor a solas!

Becquer




Johan Christian Claussen Dahl


















Reina tu lobreguez invierno rudo
y del norte en los climas ateridos
de sombras y terror tiendes el velo:
yace sin flores, lánguido, desnudo
el triste extenso campo y recogidos
los fulgores de sol, se enluta el cielo.
En el lejano monte
el ronco trueno retumbar se siente,
vuela en el horizonte
el rápido relámpago luciente
y después en tristura
húndese y en silencio la Natura. 

Espronceda




   Navegamos por el Mar del Norte. ¿Cuánto durará esta calma? Arribamos a Rusia. El duro invierno ha llegado a la estepa. Más duro es el invierno del alma desgarrada que no halla su lugar y se sabe fuera de su sitio. Lejos de todo... Espectáculo hermoso y aterrador. El eterno peregrinar... La mirada perdida en el horizonte...



Lev Feliksovich Lagorio





Alekséi Kondrátievich Savrásov



Nikolay Nikanorovich Dubovskoy


   Las aguas turbulentas nos acogen de nuevo. La muerte ronda. Se siente cerca su frío hálito. ¿Habrá reposo algún día? ¿Hallaremos la paz? ¿Un refugio donde huir para siempre del mundo? 



Iván Konstantínovich Aivazovski

...Y si el tiempo impetuoso
conmueve demasiado violentamente mi cabeza, y la miseria
y el desvarío
de los hombres estremecen mi alma mortal,
¡déjame recordar el silencio en tus profundidades!

Hölderlin





Iván Konstantínovich Aivazovski