domingo, 12 de agosto de 2018

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…y los caídos no tienen defensores; y si los tienen, su voz clama en el desierto.












































miércoles, 8 de agosto de 2018

LA PROFECÍA DEL MANZANARES


   Estaba el otro día, cosas del ocio estival, revisando mis baúles en busca de ciertas notas que escribí largo tiempo ha para uno de mis delirios, de esos que se empiezan con muchas ganas y nunca se terminan con mucha desidia, a ver si podía rematarlo. Y como suele ocurrir cuando se busca algo, no los encontré, pero sí otra cosa que me huelgo mucho de haber hallado, y doy por sentado que de buscar tal cosa hubiera encontrado en su lugar los papeles de marras. Entre piélagos de éstos, que soy de los que lo guardan todo, pude ver a unos cuantos libros náufragos que parecían implorar socorro. Los rescaté en dura pugna con los pliegos y el polvo y los puse a salvo, cerca de una buena taza de café y un Habano, que no conozco mejor sitio ni compañía que ésta. Y tan ricamente me puse a hojearlos. Algunos ni me acordaba que los tenía. De todos ellos llamó especialmente mi atención una bonita edición, ya algo antigua, con una antología de obras del inmortal Fray Luis de León. Me alegré en extremo de liberarlo, que ya bastantes prisiones sufrió el buen hombre, para tenerlo como libro de cabecera, pues no hallo autor más a propósito para quien se ha alejado del mundo y sus miserias.
   Echando un vistazo a sus versos, de magistral sencillez y pura belleza, acabé en una de sus odas, aquella tan célebre sobre la Profecía del Tajo. En ella se lee como el río, tras ver al picarón don Rodrigo meneando el cetro que no debía en forzados combates de Venus (mejor nos hubiera ido si se diera a los de Marte) con Florinda la Cava, hija de don Julián, alza el pecho y le canta las cuarenta al rey en plan letizio, pero con estilo y salvando las muchas distancias. Y ahí es echarle el río un chaparrón de reproches por darle al mandoble equivocado cuando la agarena amenaza se cernía sobre España. A fe que no era para menos visto lo visto, que la coyunda, doblemente censurable, nos costó caro: cuarto de hora jodiendo y ochos siglo jodidos.

Menos carne y más acero, Rodriguín. Cuando se está más por los deleites
en las altas esferas que por el deber... así nos va.

   El caso es que creo recordar que en el XIX, a modo de esta oda gloriosa, escribió otra Juan Bautista de Arriaza llamada La Profecía del Pirineo, en que se avisa de la invasión francesa ordenada por el pequeño corso y se da cuenta de la reacción española, de armas tomar, que bien se tomaron. Y como estamos en similar trance en estos calamitosos días, que nos invaden los de fuera merced a la traición e infamia de los de dentro, y la cosa se pone mustia, he decidido a mi vez escribir unos versos de ese cariz. Esta vez quien profetiza es el Manzanares, que para eso es mi río, y le doy noble papel, pues demasiadas burlas lleva el pobre. Además, como ni numen aparece tan menguado ante el de los vates citados, en especial el de Fray Luis, me ha parecido oportuno que el protagonista también lo sea. Humildad ante todo.
   Por otra parte, ya que los días que corren, más bien se arrastran, también se ven empequeñecidos ante los pretéritos, y toda grandeza yace en el olvido, tengo la reducción por muy pertinente. Que los versos sean, por otro lado, impertinentes, es otro cantar, y que cada cual juzgue. Mas antes de hacerlo y ser en exceso riguroso con el autor vean a su alrededor y piensen antes de sacudirme. En mala hora nos vemos, al borde del abismo. Como antaño, corremos gran peligro. Pero, me pregunto, ¿saldrán como en aquellos tiempos un don Pelayo, un Cid o un Fernando III? ¿Tendremos Reyes Católicos? ¿Volverán Agustinas de Aragón o Manuelas Malasañas? Doy la callada por respuesta.
   Por último, ya antes de dejar paso a mi empapada lira, debo pedir perdón si en ocasiones el estro se rebaja demasiado y se arrastra por ciertos fangos. La ocasión lo pedía, y ya me conocen, que hasta en las cosas más serias, incluso luctuosas, saca uno del magín algunas chuscadas; quizás demasiado bajas, pero, ¿es que hay algo elevado hogaño? Me he puesto a tono con la ocasión. 
   Sin más, y menos hubiera sido deseable, les dejo, queridos lectores, con esta Profecía del Manzanares. Ya luego...  


Cierto día estaba Abulio
al borde del Manzanares,
dando lo suyo al manubrio
para acallar sus pesares.

Cual buen español fogoso,
hijo del Mediterráneo,
helaba su ardor rijoso,
aunque fuera un sucedáneo.

Por una moza está que arde:
gozar quisiera a Felicia,
mas por silente cobarde
a solas es su delicia.

En esto que le ve el río:
la gota que colma el vaso
de tan grande desvarío
hace que sálgale al paso.

Se eleva el agua iracunda
y, con brïoso ademán,
la espantada orilla inunda
gritando al siervo de Onán:

<<Escucha bien, pajillero:
Mereces por motolito
tu mano sea agujero
donde deba holgarse el pito.

>>Sin valor ni decisión
con la amada no habrá goce;
 así sólo habrá ocasión
de tener con uno el roce.

>>Igual con todo acontece.
Si quien su anhelo no aúna
con la acción, y desfallece,
vera esquiva a la Fortuna.

>>Esto ocurre con España:
sumida en el desatino,
mala estrella la acompaña, 
le auguro un triste destino.

>>Lo que en el porvenir veo
escucha, aunque te dé pena:
vuestro futuro es más feo
que la alcaldesa Carmena.

>>Tan ociosos y engañados,
apocados los que saben,
aunque vendrán a puñados
más tropelías no caben.

>>Censores con propaganda,
y bien merecen censura,
el poder dan a una banda
que bien deja a la basura.

>>El lazo les han echado,
y con haber tantos lazos,
desechos los del pasado.
se rompe España en pedazos.

>>Cae la negra; a millares
la roja coalición
nos llenará de lunares
las calles de la nación.

>>Hay un figurín al frente,
que de halcón mucho se jacta,
y es sólo un cuco indecente
que con todo buitre pacta.

>>Promete con falso esmero
el oro y moro fecundo:
os va a quitar lo primero
y os va a traer lo segundo.

>>Las iglesias arderán,
ya que el ídem está que arde.
Muchas cruces caerán;
y que a muchos Dios les guarde.

>>Del "ciutadan" no me fío,
que me da no son sinceras
sus trazas; y a fuer de río
mucho entiendo de riberas.

>>No miréis a la derecha,
que aunque tengan a un casado,
de la patria, y es gran brecha,
me da que se han divorciado.

>>Machorras feas y orates;
los vocingleros piojosos;
mucha miseria y dislates,
pasarán ante los ojos.

>>A qué seguir: los gusanos
tienen de poder mucha hambre.
Ávidos cual milicianos
se abalanzan sobre el fiambre.

>>Mas, te lo digo en verdad,
esto sólo es la apariencia:
oculta realidad
está tras la turbulencia.

>>Tal chusma es punta de lanza:
la política es un juego
de títeres, mas no alcanza
a verlo este pueblo ciego.

>>Burdos peones los más
de infame ideología
del orden nuevo, al compás
van de la masonería.

>>Y no importa lo que sean
o nos digan estos viles:
por igual todos putean
so capa de los mandiles.

>>Esbirros sirviendo al mal
que rige funestos días:
manda sólo el capital,
y todo en manos judías.

>>Por nonadas os dais palos,
gresca que separa y daña,
¿lucharéis contra los malos
que han urdido la patraña?

>>Amén de la algarabía
y de enfrentamientos vanos,
¿os alzaréis con hombría
y con armas en las manos?

>>Maldecís y no hacéis nada,
por criticar fenecidos.
Si toca sacar la espada
os hallará entretenidos.

>>¿Quedará en España honor?
El pecho pisoteado,
inertes ante el dolor,
¿olvidaréis el pasado?

>>Los espectros de esta villa,
de mayo inmortal jornada,
no soportan tal mancilla
y os retiran la mirada.

>>En calvario tan infame,
en tan penosa agonía,
no tendréis a quien reclame
liderar la rebeldía.

>>Nadie desoiga mi augurio,
grito de un sino fatal:
España, país ya espurio,
pronto verá su final.>>

De lágrimas hecho el seno
retorna a su cauce el río.
Queda Abulio muy sereno
sin decir a esto ni pío.

 <<¡Bah!, este río es un facha.>>
Y pensando en su Felicia,
aunque la cosa está gacha,
prosigue con la caricia.

FIN



Con lo que has visto, Manzanares, y lo que hoy se ve