domingo, 31 de enero de 2016

SONETO DE JUVENTUD




En las cumbres del Ródope frondoso,
fundidos en un lánguido lamento,
escúchase de Orfeo el suave acento
y de una lira un son triste y hermoso.


Muere a poco el canto. Llora el esposo.
Y en lágrimas bañado su tormento,
sobre alas negras vuela el pensamiento
hacia el recuerdo amado y doloroso.


Eleva al cielo un himno esperanzado:
“¡Oh, amada Eurídice! De dolor
tinó feroz nuestra existencia el hado.


Pero muy pronto, en su antiguo esplendor,
cuando la muerte en mí se haya posado,
se encontrará en el Hades nuestro amor.




 










SONETO A LOS TERCIOS DE ROCROI


 
        El último amanecer de esta vida es el primero de la vida verdadera...




Las nubes tiñe el orto de arrebol;
la sangre, el rostro. La furia se marca
en hombres que por Dios y su monarca
ya no verán alzarse más el sol.


No ha de rendirse nunca un español,
aunque haya de doblar ante la Parca;
el río oscuro cruzará en la barca
teniendo su valor como farol.


Y que corran con el duque en mala hora
los que desdeñen tan gloriosa suerte
de morir por la patria. Tentadora


es la vida. Pero hay algo más fuerte
en ánimas donde la gloria mora:
honor y fe no mueren con la muerte.








Estos son españoles, ahora puedo
hablar encareciendo estos soldados
y sin temor, pues sufren a pie quedo
con un semblante, bien o mal pagados.
Nunca la sombra vil vieron del miedo
y aunque soberbios son, son reportados.
Todo lo sufren en cualquier asalto.
Sólo no sufren que les hablen alto.



Pedro Calderón de la Barca












jueves, 28 de enero de 2016

El CANTO DEL CISNE



   Tomo la pluma, queridos amigos, en memoria de un gran pintor, quizás el último gran pintor antes de que se impusiera definitivamente, para nuestro mal, la era de la mamarrachada y el garabato, del vil mercadeo del arte. Hablo de John William Godward. Probablemente no lo conozcan. Hasta hace no mucho yo tampoco lo conocía. Con qué elocuencia devastadora habla tal ignorancia de nuestros días.
     Nació este singular portento a mediados del siglo XIX, centuria maldita y fascinante, en la Pérfida Albión, lo que demuestra que no todo lo que viene de esa puñetera isla es malo, como no todo lo que da el suelo patrio ha de ser alabado o defendido. En breve sabrán por qué lo digo.
     Siguió durante su vida la estela del gran Frederic Leighton y, sobre todo, del divino Lawrence Alma-Tadema, del que fue protegido. Maestro y alumno fueron dos griegos, dos romanos, en medio de la prosaica era victoriana, más dispuesta a extasiarse con un billete de veinte libras que con una obra de arte. De hecho, la vocación artística de Godward y la marcha a Italia con una de sus modelos le valió el repudio familiar, una verdadera damnatio memoriae, que llevó, incluso, a que su estampa fuera recortada de las fotos familiares.
     No entraré en análisis formales ni iconográficos sobre su obra. Dejo al sabio entender de los que me lean el buscar información sobre este gran artista, si es que así lo desean. Me limitaré a ofrecerles algunos cuadros suyos, pues una imagen vale más que mil palabras, y más en este caso.
     Gocen, pues, con un paseo por la Antigüedad Clásica vista con lo ojos del arqueólogo y poeta enamorado que supo plasmar admirablemente toda la sensualidad de aquellos felices días, la entrega a la voluptuosidad más exquisita y el culto al buen vivir mediterráneo, al dolce far niente. De sus pinceles se derrama un colorido lleno de vida, aunque transidos de una sutil melancolía, como si el recuerdo dichoso de tiempos pasados se tiñera de dolor por la Arcadia perdida.
     Godward dejó escrito en una carta que “este mundo no es lo suficientemente grande para mí y para Picasso”. Se suicidó acto seguido. No me negarán que es para tenerle enorme simpatía y admiración. Vayan estas letras como humilde homenaje al canto del cisne…







La belleza de la mujer se halla iluminada por una luz que nos lleva y convida a contemplar el alma que tal cuerpo habita, y si aquélla es tan bella como ésta, es imposible no amarla. 

Sócrates








La belleza es muy superior al genio. No necesita explicación.

Oscar Wilde



 

 Más obliga y más puede un rostro bello que un hombre armado. 

Afred de Musset








El espectáculo de lo bello, en cualquier forma en que se presente, levanta la mente a nobles aspiraciones. 

Becquer


   



  


La belleza es una gran recomendación en el comercio humano, y no hay nadie que sea tan bárbaro o tan grosero que no se sienta herido por su dulzura.

Michel de Montaigne





 


Cualquiera que sea su parentesco, la belleza, en su desarrollo supremo, induce a las lágrimas, inevitablemente, a las almas sensibles.

Edgar Alan Poe


 
   




 Es difícil juzgar la belleza: la belleza es un enigma. 

Fiodor Dostoievski
 






 
La belleza es el esplendor de la verdad.

Platón





 




Es lo bello alegría para siempre.

John Keats


















martes, 26 de enero de 2016

SONETO A LA REINA PHYLIRA




El numen cante agradecido al Hado,
aun humilde, la gran merced del Cielo
de dar a un gran afán, eterno anhelo,
el don divino de vuestro reinado.


Hermosa Phylira, espíritu elevado,
quiera Dios que alma de muy alto vuelo
por siempre sea, en tan dulce desvelo,
luz de un eterno amanecer dorado.


La pluma a vuestros pies, como la espada;
será mi vida daros por servida;
el alma os pertenece, destinada


para tal causa, para tal nacida.
Y hasta que a la Gloria sea llamada,
vuestros serán pluma, espada, alma y vida.










DÉCIMA





Qué le pido a la Fortuna,
me preguntas, joven Licio:
lo que esperas me malicio.
Nunca anhelé áurea cuna,
ni he buscado alta tribuna,
hoy un páramo infecundo;
no me mueve el oro inmundo,
ni la gloria, ni la fama;
ni el saber al alma llama:
deseo sólo huir del mundo.