jueves, 30 de octubre de 2014

SONETO DIÁFANO ESCRITO EN LINDO PERIODISTIQUÉS


          

       De un tiempo a esta parte vengo observando, amigos mío, que estoy un poco anticuado y no vivo acorde a los muchos encantos de nuestro siglo. En pocas palabras, que llevo encima demasiadas telarañas y moho, como corresponde a todo buen cavernario capitalino. Por ello, he decidido aplicarme aquello del “renovarse o morir” y acercarme a la actualidad y sus cosas. Espero que así se me caiga la costra de caspa fascistoide que me cubre, con el más que estimulante deseo de ganar popularidad y prestigio. Veremos a ver si con ello puedo disfrutar del inmenso goce de la aprobación de los críticos censores de la tiranía de la mediocridad forzosa y el cariño de mis semejantes. Y no lo quiero hacer sólo por el loable empeño de entrar en las filas de la legión de solidarios samaritanos, chachis y guays en que se ha convertido la ciudadanía: espero que con esta mutación mi caverna se abarrote de lectores y en breve puedan caer jugosos estipendios merced a la publicidad, por no hablar de alguna que otra subvencioncilla que se le escape al político de turno, siempre atento a favorecer todo aquello que vaya en beneficio de las masas.
       Y como no encuentro nada más idóneo para llegar a las mismas y dejarlas admiradas con mis palabras, que para escritor me faltan aldabas y para político me sobran escrúpulos, he decidido tomar la senda del periodismo. Esta noble tribu, aún tildada por los desaprensivos enemigos de la libertad de expresión de carroñeros, mercenarios y esbirros de los poderes diversos que manejan el cotarro, me viene que ni pintada para mis anhelos, pues con el apoyo del clan de fijo que mis artículos se hacen famosos, a la par que un servidor de ustedes podrá navegar por las dulces aguas de las prosperidad. Ya está harta la bolsa del verde de los laureles domésticos y prefiere el de los billetes. Y mantener una caverna cuesta lo suyo, que los alquileres se han puesto por las nubes.
       No obstante, hay ciertas inercias del pasado, a veces creo que antes son rémoras, que uno no puede soslayar. Así, aunque poetastro a ratos y destellos, no me es posible sacudirme de encima la poesía de un plumazo. Uno no llega a las cumbres que alcanza la corte de excepcionales vates con los que comparto trinchera y guasa tan a menudo, pero de vez en cuando me da el ramalazo y debo ponerme con el pico y la pala a trajinar con las esquivas musas para arrancar de las entrañas cerebrales un puñado de versillos de andar por casa. Es que si no lo hago reviento. Por ello, intentaré aunar mis ansias líricas con la condición de periodista. Y como un requisito imprescindible para ser plumilla, y no quiero entrar en otros de diferentes jaez, consiste en aprender el idioma propio de la secta héteme aquí que me he puesto a estudiar el “periodistiqués”, que así es como se llama a la narcótica a la par que exasperante jerigonza que usan estos pájaros para hablar mucho y no decir nada, confundir a las turbas y llevarlas a pensar lo que los amos quieran.
       Tras un sesudo estudio, al final me hecho con los rudimentos de esta parla siniestra y más fea que Monedero. Y espero que mis futuros amiguitos del negocio perdonen que me estrene con un soneto: son muchos años de caverna y las manchas de humedad son difíciles de quitar. También espero que mis camaradas de estos orbes ciberblogeríficos sean indulgentes con la poca observancia que hago de las más elementales normas de la métrica. Nosotros los periodistas tenemos muchos fines, pero pocos principios, por lo que no nos sujetamos a las reglas. Si bien es cierto que la realidad tal cual es no debe ser obstáculo para una buena noticia, menos aún pueden serlo unas normas antiguallas y caducas para el propósito de una poesía moderna, progresista y al servicio del lector. Además, y que quede entre nosotros, me daba mucha pereza ponerme a pulir el sonetillo este escrito a vuela pluma. No se escandalicen, anticuados amigos, pues el no someterse a reglas de ningún tipo, salvo las consignas de la logia, y ampararse en la sacrosanta libertad para todo es el mejor modo de ocultar la mediocridad. ¿Hay algo más moderno que esto?
       Para concluir, y en la línea de lo dicho, debo hacerles notar que el mensaje ofrecido es clarísimo, y la información dada fidedigna a más no poder. Si alguien no entiende lo que lee, por supuesto, será culpa suya. Y ya sin más dilación, que excepto para Pedro J. Ramírez la brevedad es quintaesencia de nuestra profesión, les presentó mi soneto, manifiesto de la poesía periodística del presente y del futuro y espejo para quien quiera expresarse en el noble y luchador idioma de quien ha nacido para tener a la plebe informada, aunque sea sólo con la abundancia de sesgada y empachosa información que una minoría crea que precisan y deban trasegar sin antes rumiarla un poco. Le toca el turno a la imprenta…






SONETO DIÁFANO ESCRITO EN LINDO PERIODISTIQUÉS

 Escribo desde el sosiego más profundo,
y lo hago en este marco incomparable,
en otro orden de cosas poetizable
con dominio de los tiempos muy rotundo.


Insisto en la cuestión en que redundo,
en base a hoja de ruta muy fiable,
ofreciendo mi cara más amable
y con gran respeto a todo el mundo.


Me muevo en escenarios de lirismo,
y falta a la verdad quien no lo diga,
en el tránsito a espacios de uno mismo.


Tolero que el Parnaso me maldiga,
que bien se paga el psíquico onanismo
y me importa la verdad una higa.















sábado, 25 de octubre de 2014

HUMO. AFORISMOS DE UNA TARDE DE OTOÑO




-Fumar es el único vicio que tengo, pero es que no me dejan tener otro.  (El Almirante Romero Landa)

-Fumar mata, pero muy poco.

-Fumemos o no, hemos de morir igualmente. Entonces, esperemos a la muerte echando un cigarrito tan ricamente.

-A veces creo que se dice que fumar mata porque en ocasiones se mataría por fumar.

-Quien no ha matado el tiempo fumando lánguidamente echado en la butaca con la mente en blanco y absorto en la azulada bruma que alrededor se extendía… ése os desconoce, ¡oh, potencias celestes!




Fumar propicia la armonía entre caballeros




      -Quien no fuma con los cinco sentidos no sabe lo que es fumar.

   -Ingerir mecánicamente cigarrillos no debería ser considerado como fumar. Si el sosiego y la meditación no acompañan al supremo deleite del humo, que se le llame de otro modo: tal vez cigarrillear.
    
     -Fumar favorece el olvido, pero hay que tener cuidado de no olvidarse de fumar.

     -Yo sólo prohibiría el tabaco a aquellos que no saben fumar con elegancia.

    -Fumar bien es un arte. Y, como todo arte, requiere un talento innato.

    -Para saber si se ha fumado como Dios manda basta con sentir, si se ha fumado solo, que uno estaba bien acompañado, y si había más gente, que parecía como si se estuviese plácidamente a solas.
     
   -El cigarrillo es el mejor amigo; el puro, el mejor consejero, la pipa, la mejor amante.
Fermosa pipa, ¡pardiez! Y muy sugerente


-Los mejores versos son los que nacen al amor de una buena fumada, aunque la mayoría de las veces no se escriban.

     -El secreto para ser un buen fumador consiste en dominar al tabaco y que él no te domine a ti.

     -Fumar deja de ser un vicio cuando te impide caer en otros mucho peores.

     -El supremo ideal del buen fumar radica en obtener la paz con uno mismo.

     -Fumar para cumplir con un rito social es una traición al tabaco. La fumada perfecta es siempre un acto íntimo, pues incluso cuando se fuma con amigos la comunión espiritual ha de ser tal que parece que se esté con uno mismo. Si no se cumple esa condición, se debe hacer para olvidar que está uno rodeado de indeseables.


No sé cómo diablos ha llegado esta estampa aquí
         

-Fumar ha de ser como hablar: debe hacerse poco y bien.

-Fumar hace la soledad más deleitosa, así como más soportable la presencia de los demás, gloriosas excepciones aparte...

-Recordar la juventud fumando es volver a vivirla. 

-No pretendo llevar la razón ni decir verdades absolutas: sólo quiero que mis aforismos parezcan interesantes y encantadores, además de ser la perfecta lectura para acompañar la fumada.

-Termino con un pensamiento sensato: no perderé más el tiempo haciendo que vosotros lo perdáis: ¡a fumar! 


 

En esta vida todo es humo