jueves, 25 de septiembre de 2014

NÖRDLINGEN


       
        Corría el año 1634. Septiembre. En las cercanías de la ciudad bávara de Nördlingen, las tropas imperiales aguardan el momento en que tengan que enfrentarse a la patulea protestante formada por sajones y suecos. Estos últimos, salidos de sus brumas y hielos, se habían lanzado hacia el sur con extremados bríos aterrando a su paso a todo aquel que les plantase cara hasta llegar al corazón de la Alemania católica.
       Es la Guerra de las Treinta Años. Felipe IV no podía tolerar que esa gentuza amenazase sus dominios y se colase por el “Camino español”. Ordenó, pues, a su hermano el cardenal-infante don Fernando que formara en Milán un ejército, cuyo cimiento estaba en los curtidos tercios viejos de Idiáquez y de Fuenclara, y se lanzase a escabechar herejes. Se les unen tropas de diversas nacionalidades, entre las cuales se destacan las huestes italianas de Gambacorta (pero la mano muy larga). Tras cruzar los Alpes, a fines de agosto las tropas imperiales acuden a socorrer al ejército de Fernando de Hungría, que sitiaba con poco éxito la bien fortificada ciudad, pero la inminente llegada de los protestantes lleva al cardenal-infante a buscar una buen posición para esperar a las tropas que dirigen Bernardo de  Sajonia y Gustaf Horn. Este último, cornudo vikingo, despreciaba a los españoles, a quienes tenía por “desharrapados soldados” de un imperio en decadencia. Bien le iban a quitar al hideputa la soberbia, y a los suecos las ganas de paseos y hegemonías.
       Ufano por las contundentes victorias que había conseguido en su camino y mal informado del número de soldados con los que tenía que enfrentarse, lanza el sueco a su ejército contra los imperiales. La mejor posición posible se encontraba en la cercana colina de Albuch, donde las tropas católicas crean una fuerte resistencia. No obstante, los suecos son gentes de armas tomar y las expulsan, pese a la bravura de los italianos. Dada la importancia crucial para la victoria de dicha colina, a la mañana siguiente se lanza a dos regimientos de alemanes y al tercio italiano de Toralta para recuperarla. La temible caballería sueca carga y los alemanes salen pitando como si regalarán cerveza en algún cercano bar. Pero el tercio italiano aguanta con un par y frena en seco a los suecos. Para que luego digan que no han tenido buenos hombres de armas nuestros primos.
       Así las cosas, los mejores soldados del mundo, esto es, los tercios españoles, reservados para un momento como éste, entran en escena con un ataque combinado de picas y salvas de mosquete disparadas por turnos de padre y muy señor mío. Para más inri, cada vez que los suecos hacen las suyas, disparando tres filas a la vez, los españoles se tumban, con lo cual hacen ineficaces sus descargas. Creo que más de un rubiete empezó a ver aquí la cosa muy fea. Mal se le ponía el ojo a la burra sueca. Pero, para qué recrearse: la colina es conquistada.
       Con el tercio de Idiáquez como dueño de la dicha y dichosa colina, no le queda otra a Horn que mandar a su caballería con la desesperada necesidad de recuperarla. Y aquí es donde se da uno de los más gloriosos, épicos e impactantes episodios bélicos de la Historia. Allí, tan lejos de casa, con miles de penalidades y penurias a las espaldas, un grupo de hombres de bronce veteranos en las lides de Marte planta el pie en el suelo y se jura a sí mismo que antes perder la vida que la batalla. ¿Pueden imaginar vuestras mercedes lo que ha de sentirse cuando cientos de malas bestias armadas hasta los dientes se acercan a todo galope con la poco edificante intención de ensartarle a uno? ¿Es posible para los hombres de hoy día, hechos a la vida muelle, concebir el horrísono y ensordecedor son de tantas monturas golpeando la tierra a unos pocos metros?
       Allí, en la colina de Albuch, el tercio de Idiáquez aguantó quince embestidas de la hasta el momento invencible caballería sueca: seis horas, ¡seis!, pica en mano soportando a esa terrorífica máquina de matar que se les echaba encima para aplastarlos. Y tras ese último intento… “¡Je,je,je¡ Hasta aquí hemos llegado, pollos”. Los tercios, cabreados como sólo un español sabe cabrearse, se lanzan a por los nórdicos para mostrarles cómo se las gastan los bajitos. Y la mano de leches que se llevaron los suecos es para no contada. Cuando ya la cosa daba pena, la caballería croata dio buena cuenta de los restos.
       Desde entonces, la leyenda sueca se deshizo y quedaron los rubicundos muchachotes del norte para el arenque, el nudismo y el amor libre, y para hacer muebles baratos. Aún los desharrapados españoles tenían cuerda para rato y para seguir asombrando al mundo dando cera a diestro y siniestro. Como humilde, mas sincero y fervoroso, homenaje a aquellos valientes soldados valga este soneto y mi eterna admiración.





A  los héroes de Nördlingen
 

“Alzad picas y almas, ¡cobardes fuera!,
que el sueco carga con funesta hombría.
Nadie un paso atrás dé, ¡por vida mía!;
el cuerpo caerá, no la bandera.


¡Tercios!, admire la chusma extranjera,
demonios sin dios, en este gran día
del español la fe y la bizarría,
y que a manos de un buen cristiano muera.


Tumba será o la gloria esta colina:
ninguna de los dos nos es extraña.
Don Fernando, el Rey y la Divina


Providencia aplaudirán nuestra hazaña.
El trueno de la guerra se avecina...
Ya vienen: ¡Por Santiago! ¡Por España!”





El Tercio de Idiáquez presenta a los suecos sus credenciales. Aun a riesgo de faltar al decoro, debo decir que menudos "cojones" tenían. Las cosas por su nombre.














domingo, 21 de septiembre de 2014

FE DE ERRATAS


       Debido a mis más que discutibles conocimientos sobre estas moderneces en las que nos movemos, y a que esto de Blogger es una castaña que me tiene frito, han aparecido inopinadamente y sin que yo lo deseara ciertas entradas antiguas. Estaba uno tan ricamente etiquetando delirios para matar el tiempo, que con el ídem nos matará a nosotros, cuando por arte de birlibirloque se me colaron varias donde no debían. Y como no sé devolver a su sitio a estas díscolas, y tampoco es cuestión de borrarlas -aunque no se perdería gran cosa-, sólo queda ignorarlas y seguir a lo nuestro.
       Ruego mil perdones a la concurrencia. Y como no quisiera que hubieran perdido vuestras mercedes el tiempo asomándose a esta casa por una nadería como la que les escribo, les dejo más abajo una pintoresca estampa para que vean, entre otras, una de las causas por la cuales me retiré a la Caverna. El sitio es hermosísimo; el cretino que aparece: servidor de ustedes en el pasado, cuando aún me movía entre eso que llaman seres humanos.
       Un fuerte abrazo para todos. Espero que la próxima vez que visiten mi antro, si la hay, sea más provechosa. 




Aquí me pueden ver en mi primer discurso público. Dada la escasa audiencia, comprenderán que fuera también el último.










sábado, 20 de septiembre de 2014

ILUSTRÍSIMA REUNIÓN

   
   Si alguno de ustedes se pregunta por qué de un tiempo a esta parte el amigo Diógenes, o como cuernos se llame, no deja caer con frecuencia sus delirios por esta Caverna, ha de saber que el motivo de tal demora se debe a que se halla enfrascado en arduos trabajos y sesudas disquisiciones con algunos colegas suyos, todos ellos hombres de intachable reputación y morigeradas costumbres, sobre altas cuestiones de la mayor trascendencia.
   Una vez acabado el Congreso de estos caballeros de preclara mente y probada virtud, los esfuerzos del señor de la Cueva se encaminarán a sus habituales trabajos satíricos en pos de una sociedad más decente.
   Creo que la estampa que a continuación les ofrezco será más elocuente que mis palabras.




Sir Old Nick, el doctor Jano, el Caballero Fugitivo, don Tío Chafachorras, Herr Tannhaüser  y el señor de la Cueva, entre otros sabios, discuten civilizadamente sobre lo humano y lo divino.  El Conde de Campolorrio nos honró con su presencia, aunque no aparece en esta singular escena porque se hallaba en... Bueno, mejor lo dejamos.










jueves, 18 de septiembre de 2014

INCÓGNITA






"Dónde estará ese maldito Diógenes. Traédmelo. Sabe demasiado".

















ARQUILOCURA YÁMBICA



  Porque ni llorando remediaré nada, ni nada
empeoraré dándome a placeres y festejos.

                                        Arquíloco de Paros




¿Por qué hemos de llorar y lamentarnos
cuando adversa la Fortuna nos golpea?
¿Acaso impedirán amargas lágrimas
que las Parcas corten el postrero hilo?


Te afanas en mundanas vanidades,
glorias pasajeras que un efímero
chasquido han de durar, mi buen Cleómenes.
Oro, cetros, jaspes… polvo solamente…


También nosotros lo seremos pronto.
Ya los dioses han fijado nuestro último
suspiro. Goza el día. Fama eterna
no pretendas. Nada vale en el Averno.





Carpe Diem. Y si no, que se lo digan a éste...












miércoles, 17 de septiembre de 2014

EL REINO DE LA ESTULTICIA


        
       “…Los más de los hombres ven y oyen con ojos y oídos prestados, viven de información de ajeno gusto y juicio”.

Baltasar Gracián


     

       Dios me libre de ser uno de esos demagogos y populistas que gustan de halagar los por lo general emporcados oídos de eso que llaman pueblo, aunque es difícil saber qué no es pueblo hogaño. Pero es necesario mencionar a parte de él, ya que entre los ciudadanos de nuestros tiempos camina cierta minoría en la que aún anida un sentido común encomiable y una lucidez que pasma. Y esto no sería tan chocante si no fuera porque las elites que deberían ser las poseedoras de tales virtudes las han desterrado. De hecho, en estos mundos blogonéticos en los que nos movemos es posible ver egregios ejemplares de esta casta, en el buen sentido, cuya sesera alberga ideas y creencias que hacen que aún se mantenga la fe en el ser humano. Incluso en las tertulias do pacen los mostrencos mercenarios a diestro y siniestro no es difícil leer entre tanta memez algún que otro comentario tan cabal como audaz proveniente de alguno de sus miembros. Y aunque estos humildes españoles de infantería viven entre la morondanga sin destacarse ni gozar del fervor popular, antes al contrario, se distinguen claramente de ella, y la sufren estoicamente; a veces, no tanto.
       Así pues, por desgracia, el buen juicio de estas luminarias ocultas no transciende, y tienen que contemplar con amargura e impotencia como los más trasiegan la burda información que los que tienen el poder les endilgan, generalmente a través de plumillas de variado pelaje. Me pregunto qué es lo que estudiaron en la Facultad estos periodista de nuestros pecados: ¿Memología? ¿Fundamentos de la estupidez? ¿Historia de la manipulación?.. Debo suponer que por ahí van los tiros, pues me cuesta creer que entren tan atarugados en la Universidad. Bueno, a este respecto mejor me callo.
       Ciertamente, es lamentable que el pensamiento de la mayoría de los españoles sea una burda colección de lugares comunes prisioneros de la bobada esa de lo “políticamente correcto”, que no es más que la cursi y progre deformación de la realidad al servicio de los nuevos amos. Sé que es quimérico esperar que los desvanes cerebrales de nuestros compatriotas estuvieran poblados por el fruto de sabrosas lecturas y deleitosas reflexiones al amor del ocio, o por los logros de una educación decente. Eso sólo ha estado al alcance de minorías selectas educadas en escuelas dignas de tal nombre. Pero es que ahora esas minorías dan bastante asquito. Y la vieja plebe, que forjaba una sensatez básica en la escuela de la vida, se ha convertido en una jactanciosa masa que cree que el hartazgo de información equivale al conocimiento fetén, y se pavonean hablando de todo cuando, en realidad, no saben de nada.
       Hoy día, nuestros compatriotas, aunque no se dan cuenta y se tienen por muy libres, piensan lo que la Logia quiere que piensen, y sólo expelen sus fauces las simplezas que ésta pone en ellas. Un pequeño hato de sayones transmite las consignas -futesas banales que muestran sólo la engañosa superficie, a modo de espejismos, de lo que nos rodea- con objeto de confundir y atontar al personal. El resto de la tropa periodistil y demás especímenes que moldean la opinión pública se limitan a hacer de eco de esa “verdad oficial”. Las honrosas y perseguidas excepciones se pueden contar con los dedos de una mano. Y cómo se zampa el populacho el pastelón a grandes bocados con la consiguiente indigestión mental y moral, por más que se eche la mar de ufano a dormir la siesta tras el atracón de mentiras de oropel. Por descontado, de lo que se come se cría, y ya se pueden imaginar ustedes qué clase de excrecencias generan estas envenenadas viandas.
       ¿Y a qué viene este exordio sobre las bondades de esa selecta minoría de lúcidos ciudadanos entre la masa informe? De un tiempo a esta parte cierto coletudo y piojoso fenómeno, en boca de todos y en la testa de muy pocos, viene azotando la zarandeada vida nacional. Sospecho que ya sabrán ustedes que me refiero a los muchachos de la “podadora”, con Pablillo de la O a la melenuda cabeza. Y qué fenomenal embeleco se ha creado con esta pandilla de marionetas zarrapastrosas de pega. Es el engaño nacional al por mayor, del que sólo se salvan unos pocos.
       Estas consideraciones vinieron a mi mente tras leer hace poco en un infecto peridiocucho de provincias a un columnista que, con toda la razón, confesaba que no era muy listo y que por ello ignoraba las verdaderas intenciones de Podemos, aunque no se le escapaba que le estaba dando un buen susto a los grandes partidos, algo que celebraba y creía de lo más necesario. Había picado el anzuelo este buen hombre. Y no seré yo quien defienda a los miserables que forman la clase política nacional: en un día que me sienta generoso no salvo a más de tres. Cierto es que merecen un susto, por no hablar del garrote vil, pero uno como Dios manda. Tampoco entraré en la cuestión tan sobada del bipartidismo, aunque debo decir que en sí no es malo, ya que malos, en todo caso, pueden ser los partidos que lo forman. En los Estados Unidos llevan varios siglos con la cosa esa del bipartidismo y les ha ido mejor que a nosotros con tanta proliferación de partidas (creo más oportuna esta palabra) a cual más espantosa.
       Lo que más me choca de la visión que tiene el español común sobre la panda gorilófila es que piensan que están aquí para apretarles a los políticos al uso las tuercas, y de esto de tuercas sabe mucho Pablillo, aunque le falte un tornillo. Tanto si les han votado como si no; tanto si generan simpatías como recelos, los más de nuestros compatriotas han sido embelesados con ese halo de bondad con que se les ha revestido. Y es fina lluvia que cala. Con esto quiero decir que quien más o quien menos, pollo anti-sistema o ciudadano que se considera moderado; tanto los que les tienen cierto apego como los que les temen por radicales, son muchos los que les conceden cierta honradez, aunque sea la de la novedad, y sinceridad en su misión de vapulear a los causante de este desmadre. Incluso no faltan los que, aunque dadas sus ideas discrepen con el mensaje y las formas de los pulgosos de marca, les parece bien su aparición en escena o, al menos, justificada. Se nota que los autores de la engañifa han hecho bien las cosas. Sea como fuere, buena parte de la población española considera a “Potemos” como una consecuencia de las malas artes de los políticos de siempre y el consabido tirón de orejas dado por los paladines del pueblo mondo y lirondo. Aunque no deseen que ganen, creen bastantes -como el plumilla del periódico que miente con la verdad de su nombre- que “el susto” es merecido y beneficioso. Y es que las rabietas y el resentimiento obnubilan el juicio, por poco que se tenga, y no conducen a nada bueno. Por muy lícito que sea el enfado con los inquilinos de la casa de lenocinio “Los dos leones” (Old Nick dixit); por muy mal que esté el país; por muy cierta que sea la premisa tomada como punto de partida del ascenso de los demagogos y esto necesite un vuelco, no debemos ni “podemos” caer en las garras de estos aspirantes a tiranuelos, más que nada porque sólo son peleles empleados para otros fines. Se presentan como la solución a los problemas de España, cuando en verdad sirven a quienes los han generados. Bueno, a una parte considerable. Me explico.
    Confieso que soy un apasionado del teatro, pero hay ciertas representaciones que me cargan. Y la apoteosis de “Porélosdemos” es una farsa de lo más burda y despreciable. Todo esto es una mascarada en la que unos pícaros que juegan a revolucionarios, pero con los bolsillos a reventar, hacen de marionetas de los de siempre. Echemos la vista atrás para comprender mejor el auge de la indignación. En los calamitosos tiempos de Felipe Glez hubo motivos más que sobrados para un golpe de estado. Y todos quietecitos. Cuando el inefable ZP nos llevaba al más insondable abismo, ¿no estaba justificada la guerra civil? Y el triturado y sufrido español de clase media a callar, menos en el bar, que es el parlamento natural del ibérico. Sólo en las postrimerías de tan tenebroso gobierno vimos a un grupo de desharrapados de “familia bien” levantarse -aunque mejor sería decir tumbarse, que estaban todo el día tocándose los innombrables por el suelo- indignados contra el Sistema. Y únicamente lo hicieron cuando era evidente que en las siguientes elecciones los pájaros de la gaviota iban a ganar. Estaban estos mercenarios de la rosa calentando motores a la par que ganaban carta de neutralidad para poder decirles a los “escépticos”, mientras despellejaban a Esperanza Aguirre, que la cosa iba contra todos. Mientras haya “Federicos Quevedos” y demás simples para tragárselo…
       Y la guinda al pastel “onceemesco”, adoquinado, protestón y rebeldoso la ponen Pablillo Mezquitas y Juanillo Monedero(lleno). Su popularidad se debe, además de a una cuidada puesta en escena y a la imbecilidad de buena parte de la fauna nacional, a la continua presencia del caudillete de los desheredados pensionados, en plan “imitatio Christi”, en determinadas cadenas televisivas, aunque más merecen ser llamadas del retrete, dado el contenido que presentan. Así, por doquier anda el pseudovenezolano predicando su gran revolución contra la casta, su lucha contra el Sistema opresor y capitalista y sus anhelos de liberar al pobre pueblo de las garras de políticos enriquecidos, banqueros, millonarios varios y demás especímenes de la plutocracia. Me pregunto dónde estaba el de la tuerca cuando España zozobraba en las zarpas de los cejudos. Y, sobre todo, me pregunto por qué los magnates dueños de las cadenas que lo han aupado, y sin las cuales sería tan famoso como yo, dan facilidades a un sujeto que quiere acabar con ellos. ¿O acaso esos ricachos de Atresmedia están exentos de culpa por los males del proletariado? ¿No es Berlusconi de la famosa casta, aunque sea más de la viciosa? Sin duda, a no ser que les haya dado por el suicidio, estos magnates han visto la luz, roja, de la verdad. Sus errores han quedado a su alcance; su crueldad para con el género humano les es ahora diáfana. Y, en un acto de loable contrición, elevan a la poltrona a quien afirma que se fenece por hacerles picadillo. Ni en la vieja Roma se veían sacrificios por el bien común de este calado.
       Dejando de lado ironías, el que esta colección de millonarios de izquierdas y sus marionetas les hagan el caldo gordo a los amiguitos de Irán, revela que los están utilizando. No sería ninguna novedad una traza así. Y el motivo por el que los emplean con disimulo y trapacería es el de siempre: el objetivo básico de la izquierda española, ya sea en su rama política, financiera o supuestamente cultural, es el de imponer una dictadura con máscara de democracia. Venezuela y Argentina están muy cerca. Y más aún Andalucía, el amago más logrado de los chicos de la hoz. ¿Tendré que remontarme a los años treinta y mentar al Frente Popular? No hagan caso ustedes de peleas y discordias: de lo que se trata es de rebañar todo el voto rojo y ponerlo en la mesa para quedarse con el negocio. Los socialistas y los comunistas de siempre, esto es, de hace dos días, se mantendrán fieles; pero, ¿y esa buena parte de la población harta de los políticos convencionales que en su desesperación incluso pueden llegar a votar a lo que sea por despecho? Por desgracia, ser de izquierdas es más popular y “guay” que ser de derechas: por ello, están deseando caer en las redes de los barbados de la eterna pugna con el poder. Ahí es donde ataca Pablillo. Y todos esos seres del inframundo que, adoquín en mano y hartos de porros, desean destrozar la comunidad en nombre de la comunidad: ídem. Si la banda del circulito se queda con este voto radical y resentido, buena parte del cual fue en su día del PSOE y de Izquierda Unida, y se lo devuelve tras un más que ventajoso pacto, nos encontramos con que la infección se cuela de lleno en la entrañas de nuestro régimen. Y de fijo que lo adelgazan y lo dejan para el nicho en un suspiro.
       Así es, amigo míos. Toda esto no es más que una operación de captura de votos para formar una gran alianza que lleve a la izquierda a la mayoría absoluta. Dicen que a la tercera va la vencida. ¿No se lo creen? Pregunten a más de un venezolano o un argentino. Teatro, puro teatro. El círculo se cierra... sobre nuestro cuello. Y con una tufo a masonería que apesta.
 




Observen ustedes qué mañoso es uno y en lo que se entretiene por las tardes. Seis intersecciones y a tirar líneas... Qué casualidad.