sábado, 21 de diciembre de 2013

DE LA CEJA A LA ALMEJA



   Viendo lo que se cuece entre la vociferante masa del puño en alto, y la mano abierta por lo bajinis, no he podido resistirme a la tentación de cocinar el sazonado guisote de rimas que les pongo en la mesa. Sé que es pobre vianda para tan exigentes comensales, pero la sesera de este humilde pìnche da para poca ambrosia. Si Baltasar del Alcázar viviera hoy… Sirvan como pequeño homenaje al insigne vate estos versos dedicados a quienes se los dan tan grandes.




En la tierra do resido
ocurre, Inés, la cosa
más atroz y más sabrosa
que hemos aquí padecido.

Tenemos por estos lares,
viviendo a nuestras expensas,
a seres que son despensas
con vocación de lagares.

Le llaman el sindicato.
Aunque a mí el “sin” se me atasca,
por lo mucho que se masca
le va muy bien lo de “cato”.

Se nombran trabajadores
y famélica legión;
en torno siempre al fogón
más me parecen señores.

Amigos del pueblo llano
se dicen los pantagrueles;
lo rumian entre manteles
hartándose de marrano.

Es su palabra la ley;
la justicia está en sus manos.
Chocantes republicanos,
viviendo a cuerpo de rey.

Al feroz capitalista
quieren dejar hecho cisco;
comienzan con el marisco,
que debe de ser fascista.

Aclaman la senda angosta
que tanto héroe ha tomado.
De momento han empezado
por tomarse la langosta.

Les gusta montar el pollo
por eso de lo social,
aunque el pollo les da igual
pues lo suyo es el centollo.

Berrean por sus derechos,
y lo tienen muy a gala.
¿Y do los de la cigala
y los pobres berberechos?

A los ricos aborrecen
mas no aborrecen lo rico.
No saben lo que es un pico,
mas el picar si apetecen.

Y si vieras con qué esmero
trabajan, y con qué tino,
en pelar el langostino,
no en ayudar al obrero.

Porfían contra la usura
y contra la explotación;
y luego tiranos son
de su propia dentadura.

Reniegan de la nación;
la patria no les convence.
Lo ibérico si les vence,
sobre todo si es jamón.

De Ferraz estos despojos
son peligrosos matones:
que lo digan los gambones,
aunque son la mar de rojos.

Por sus modos esta casta,
si, por desgracia, hispanos,
más parecen sicilianos
que se pirran por la pasta.

Siendo de natural basto,
suelen ponerse muy finos,
para terror de los vinos,
que Jérez ya no da abasto

Entre la torva hez de la hoz
tiene la unión un gran peso.
Quisieran tener congreso
permanente en Vinaroz.

“España mucho le debe
-dicen- al sindicalismo”.
No será el canibalismo
de darle tanto al percebe.

Y es cierto que el sindicato
necesita subvenciones:
cuesta mucho a los hambrones
pagar el bicarbonato.

De roja punta de lanza
tal decencia no se espere;
pues seguirán, ere que ere,
a lo suyo: la pitanza.

Escucha bien lo que advierto:
éstos con tantos yantares
nos van a dejar los mares
hechos un puro desierto.

Aquí termino con pena,
querida Inés, mi relato.
Aunque no es de sindicato
me está esperando la cena.



Que se hinchen..., que ya tendrán que rendir cuentas.




domingo, 15 de diciembre de 2013

EL CAMBIO QUE NO CAMBIA (II). SUSANA Y LOS VIEJOS




       Como bien puede imaginar el paciente lector, un nuevo misterio ha arrastrado a las profundidades cavernarias la continuación de lo que otro misterio trajo. Al igual que en días pasados, me tomo la licencia de omitir los detalles por lo innecesario de la cuestión y lo indolente de mi persona. Sin más dilación, les dejo que se entreguen a este entusiasmo de ultratumba. Decíamos ayer…


       …¿Cuál va ser la novedad que lleve a los esbirros de la hoz a resurgir de sus cenizas cual Ave Fénix? ¿Qué espíritu sublime conducirá al rojerío a las cumbres del poder para regocijo de las masas y perpetua paz y prosperidad de las turbas? De seguro, pensarán los valientes que me leen en este trance, la primicia que vaya a entusiasmar a tanto primo será alguien con el carisma de Churchill, la astucia de Bismarck y la entereza de un Catón. Casi. La persona que va a redimir al PSOE de sus miserias es… Susana Díaz.
       Sí, queridos mío, comparto vuestra emoción. También yo he sucumbido a los encantos de esta nueva Isabel la Católica. Susana, por no decir Subsana, es la linda e inmaculada florecilla que con su savia nueva va a extirpar de nuestro suelo las malas hierbas de su huerto y a los pulgones de la derecha para plantar las raíces de un nuevo paraíso. Estiercol no le va a faltar.
       Dejando de lado la inevitable vena satírica que me domina de continuo, qué podemos decir de esta nueva estrella, sospecho que fugaz, del firmamento político español. Parte de lo que se podría referir sobre esta nueva charada bermeja ya lo dejé escrito cuando pose mi pluma sobre otro pájaro de cuenta, Madina. Sin ánimo de faltar, son el mismo perro con distinto collar. Es el cambio que no cambia.
       Pero, ¿quién es Susana Díaz? No voy a entrar en detalles biográficos, pues no quiero aburrir a mis huéspedes ni quiero aburrirme yo. Quizás baste con decir que el currículum de esta Cid Campeadora y una hoja en blanco vienen a ser lo mismo, y digo hoja en blanco porque las nimiedades, en mi modesta opinión, se escriben con tinta invisible.
       No negaré que su formación académica ofrece ciertas seguridades, ya que una persona que tarda diez años en licenciarse en Derecho ha afianzado de tal modo sus conocimientos que podemos tomarla por un lince de lo legal y un baluarte frente a quienes se ponen la ley por montera, algo que es muy andaluz, por cierto. En efecto, me refería a la montera.
       No obstante su sapiencia jurídica, aquilatada con tantos años de experiencia, se me antoja pobre bagaje para alguien que aspira (no se me rían) a ser presidenta del gobierno. Cierto que si Zapatero lo fue, hasta el zapatero de la esquina lo podría ser. Pero esa es otra historia y fue otra maniobra bien diferente. En resumidas cuentas, la conclusión a la que llega una persona con unos mínimos de sensatez es que esta Juana de Arco no es nadie, salvo el nuevo juguete de los sempiternos aspirantes a tiranos. Los viejos jugando a hacerse los nuevos con nuevos que ya son viejos.
       Debemos recordar que Susanita “la novedosa” ya estaba pululando por los despachos sevillanos en tiempos de Chaves, a la par que otras muchas de la tropa de gallinas cluecas que picoteaban allí sin oficio, mas con mucho beneficio. Ya se sabe que el mediocre con poder quiere a otros más mediocres a su alrededor. De ese modo, su poco brillo se realza al hacerse acompañar de seres opacos. Y ya sabemos que en esta España nuestra basta con ser mujer y de izquierdas para convertirse en algo sacrosanto, por muy majadera e inútil que se sea. Por descontado, Maleni Alvárez queda exceptuada de esta cuadrilla.
       Sí, queridos míos, si juntamos aquello de “juventud divino tesoro” y lo otro de “lo eterno femenino”, tenemos que en la patria del lugar común las mujeres bermejas son encumbradas a patadas por los mismos de siempre, hombres todos, que mueven a sus peonas a su antojo. Y pobre del que se oponga, que tendrá a todo el enjambre de ménades furiosas encima con las uñas afiladas listas para arrancar ojos fascistas. Para colmo, encima eres un machista si te repatea que los mismos que trituran a mujeres de bandera como Esperanza Aguirre o la juez Alaya promocionen a tarugas de aúpa sólo por ser féminas. En verdad, los campeones del feminismo son unos redomados machistas, lo cual no es de extrañar en unos sujetos que nada respetan y todo lo atropellan en su carrera hacia la meta del poder absoluto.
       Mas retomemos la cuestión después de este inciso/a (no quiero que se me enfaden las estinfálidas). Cuando el peor bandolero andaluz habido y por haber, la reencarnación de Demóstenes, esto es, el amigo Chaves, hombre de cara tan grande como dura, puso pies en polvorosa para no morder el polvo dejó en la poltrona a otro que tal bailaba: el inefable Griñan, que tuvo que bailar con la fea, sin menoscabo de la ya referida juez.  Cuando se percató este pollo de que los problemillas ocasionados por ciertos “eres humanos” (ya se sabe que la carne es débil, además de muy sabrosa, y el marisco más) le iban a costar caro, aunque todo fuera gratis, tomo las de Villadiego, no Valderas esta vez, y dejó al frente a Susanita, que más que un ratón debe de tener millones a juzgar por lo mucho que se ha roído por aquellos parajes.
       Con tan glorioso “cursus honorum” llega al trono de San Telmo, fuegos incluidos, la heroína de esta historia. Su gran mérito ha sido el de ser mujer, a secas, y con la suficiente ambición y poco seso y decencia como para saltar al ruedo tras la faena que han dejado pendiente otros. Y nos sale con que va a regenerar la cosa y que no le va a temblar el pulso si tiene que cortar algún que otro cuello, especialmente el de aquellos a los que no les tiembla cuando tienen que triturar la langosta.

Caratorta y el Escurridizo se solazan con el
espectáculo que da Susana. Como de costumbre, el
Alquimista está detrás de todo aunque no se le vea.
        Por descontado, ella no sabía nada. Iba al trabajo como quien se pasea por el Parque de María Luisa, eso de los reptiles le da mucho asco y ni se acerca, y demás pamemas al uso. Ella, la nueva y pura, va a acabar con los antiguos usos de esos vejestorios. Es cual la Susana bíblica, quien, desnuda como la verdad, es acosada por dos ancianos depravados ávidos de sus encantos y fascinados por su blanca piel. En nuestro caso, el encanto de dejarse mangonear y la candidez de su ambición la llevan de nuevo a ser manoseada por los provectos sinvergüenzas.
       Y hablando de estantiguas, no podía faltarle el perejil a este guiso: el otro novedoso añejo, el barbado mefistofélico que todo lo ve y lo oye. Junto con los otros dos pimpollos, ha hecho celosía de unas ramas y se deleita viendo a Susana en paños menores, y nunca mejor dicho, que la están pillando en bragas con las cosas sindicales. Los meridionales se deleitan porque ven que las dentelladas van a ir a sonrosadas y blandas carnes, y no a la mojama. El otro, el Rasputín pasiego, se goza pensando que las esperanzas de los que traen la desesperanza se van con la nueva, la original, la que nos redimirá de nuestros pecados. Esta música me suena. Antiguamente se bailaba la chacona. Ahora toca danzar al son de la nueva chaconada.
       Tiembla Freddy. Que os paralice el temor, amigos de lo ajeno y del ácido úrico. Rezad lo que sepáis, fascistas del orbe entero. Susana está aquí. Un nuevo mundo se avecina, al menos hasta que se les antoje a los que controlan el viejo.






lunes, 9 de diciembre de 2013

EL CAMBIO QUE NO CAMBIA (I)


       Los que peinamos canas (yo afortunadamente aún me peino) recordamos aquellos infaustos años en los que se hacía con el poder la horda bermeja. Comandaba la tropa cierto sujeto que encandiló a buena parte de los españoles, arcano sólo comprensible si se tiene en cuenta nuestra desgraciada historia y las muchas veces que cualquier golfo se ha metido en el bolsillo a nuestros compatriotas, antaño tan largos de valor como cortos de entendederas. No creo que haga falta que mencione el nombre de aquel “feo encantador”, como algunas le llamaban, y debo decir que con toda propìedad si hubieran completado la frase con un “de serpientes”.
       La panda de la hoz utilizó para camelar a los celtíberos de entonces una palabra que se ha convertido en algo así como un fetiche para ellos, por no compararlo con la típica baratija empleada por más de un rumboso para tomarle el pelo al indígena de turno. Ellos eran el cambio. Imagino que después de cuarenta años de dictadura y del fiasco centrista era comprensible, dudo si perdonable, que el patio quisiera algo nuevo, aunque era en verdad muy viejo. El dulce opio de la propaganda comenzó a ejercer su sutil y duradero efecto.
       Y llegaron al poder, luego de una oposición de esas como el demonio manda, que ríase usted de las de notario; por no mencionar turbios enjuagues cual el de aquella noche de febrero en la que, me da la impresión, se carcajearon de militares y civiles, nunca mejor dicho. Una vez en la Moncloa, se aplicaron con denuedo para hacer cierto el vaticinio del segundo de a bordo: dejar España de tal modo que ni su madre la reconocería. Y a fe que quedó la piel de toro hecha unos zorros. Cuando recuerdo todas las tropelías que aquella partida cometió, engalanadas con los burdos y coloridos ropajes de la mentira, no puedo evitar que las lágrimas resbalen por mis mejillas. Sin embargo, una sonrisa, aunque amarga, asoma a mis labios al rememorar la treta empleada años después.
       Por si no lo ha adivinado el amable lector, volvieron a sobar la idea de marras que tan bien les había funcionado en cuanto advirtieron signos de indignación (aquella era de la buena) entre parte de la sociedad española, la que aún guardaba rescoldos de decencia y sensatez. Para volver a engañar a los que estaban encantados de ser engañados, rizaron el rizo. Después de convertir a España en el desierto que rodeaba el oasis de su poder, nos largan que habían “captado el mensaje” y que iban a hacer… (redoble de tambor)… “el cambio del cambio”. No se podía insultar más a la inteligencia. Reconocían que lo habían hecho mal y pedían aquiescencia para seguir haciéndolo, pues si eso colaba era evidente que iban a seguir por los mismos derroteros. Y puestos a insultar, lo hicieron con todo aquello que mereciese el nombre de bueno y noble. Dejaron a Atila a la altura del betún.
       Pasaron los años. Llegaron los kilos y las canas al mismo son que las mentiras de siempre y las vilezas de costumbre. Y después de diversos avatares políticos, sobre los cuales no me extenderé, que ya bastante los he adobado en otras ocasiones, llegamos a los tiempos actuales. Hoy día, la tribu de la rosa vuelve a estar donde estaba en aquellos con los que comencé mi pobre relato. Ojalá pudiera decir que en la cárcel, más adecuado alojamiento para las huestes rojuelas. Sin embargo, las encontramos pastando de lo público en la oposición, lugar donde puede que pasen largos años a juzgar por la malquerencia que por fin la mayoría de los iberos les han cogido.
       Ni que decir tiene, la avidez del hato bermellón es para no contada, que lo de la púrpura lo llevan en el nombre, la sangre y el alma  Y como tienen el firme propósito de pasar a más fértiles parajes, es decir, las deleitosas praderas monclovitas, los portentosos magines de las cabezas del ganado han pergeñado una originalísima idea para volver por aquellos feraces pagos. Nunca lo adivinaría el querido lector: la novedad que les conducirá a su hábitat natural, el poder, es EL CAMBIO. Sí, sorprendente, pero no por ello menos cierto.
       Y cuál va a ser la pieza a estrenar que llevará a las amojamadas momias a parecer más tersas que la faz de Antinoo…


       Lamento decir que aquí se interrumpe el relato. Lejos de mi imaginación el pretender que estas páginas parezcan un vulgar folletín decimonónico. Ha poco que, como acostumbro, me di un garbeo por la caverna. La falta de su dueño y único morador me lleva a dejarme caer de vez en cuando para poner algo de orden. Queden para otro día más explicaciones.
       Estaba yo quitando telarañas tan ricamente cuando unos impolutos folios aparecieron ante mí en un rincón. Hubiera jurado que poco antes no estaban. Misterios aparte, y tras leerlos detenidamente, me decidí a darlos a conocer a los pocos que osan aparecer por estas penumbras, con la esperanza de que otro misterio similar traiga su continuación. Hasta entonces, pues.