miércoles, 1 de febrero de 2017

UN PASEO POR LA BELLEZA DESCONOCIDA. CONSIDERACIONES SIN CONSIDERACIÓN A MODO DE PRÓLOGO


Inspiración
   Sin duda, amigos míos, una de las más aberrantes, y tiene tantas, características de nuestros días radica en la imposición de ciertas ideas o valores tenidos como algo benéfico, cuando, en verdad, están muy lejos de serlo. La mentira, que junto con la vulgaridad y la insaciable sed de oro forman la triada que se adora con furor en días tan descreídos, vive hogaño en su apoteosis, al servicio, claro está, de turbios intereses. Y el principal es el de convertir al género humano en algo parecido al género de mercado, esto es, en un rebaño uniforme y embrutecido que sirva de masa trabajadora, esclava, de los nuevos amos.
   Para reducir a la humanidad a esta masa envilecida de estómagos con patas, naturas insaciables y dedos en eterno movimiento es menester triturar su espíritu. Dos son la condiciones, básicamente, necesarias para ello: eliminar la fe, y con ello la capacidad para trascender, de ir más allá de lo sensual, de nuestra realidad inmediata; y extirpar el amor a lo bello, dejando al hombre huérfano de las bondades de tan excelsa querencia.
   Mucho podría extenderme al respecto, mas en esta ocasión me dejaré caer por  los deleitosos pensiles del arte, en especial los de la pintura, convertidos, merced a lo dicho, en páramos horrendos. Ya saben ustedes que el arte contemporáneo es... cómo decirlo... una autentica basura. Es la elevación de lo feo en nombre de la libertad. Ven lo que les decía: nos quieren hacer creer que la muerte de la belleza es en realidad algo tan fabuloso como la liberación de lo antiguo, y lo antiguo, sólo por serlo, es malo. Otro "dogma" intocable de la modernidad. Así, se justifica lo abominable, contrario a la naturaleza humana, sólo porque es lo moderno, lo progresista, y su modernidad se basa en algo que se ha convertido en obligación insoslayable: pisotear la tradición, el magisterio de los siglos, cuyos hermosos abrazos son tenidos como cadenas. "No queremos reglas", reclama el artista "comprometido": habla la mediocridad; "libertad para el talento", gritan los rebeldes contestatarios: en verdad, ha despotricado el esclavo que se cree un Trimalción  del arte. Y detrás de todo ello están los de siempre llenándose los bolsillos con el mercadeo, pues esto ya es un negocio, en primera instancia. Pero eso sólo es la epidermis de la cuestión. En nuestra realidad  hay varias esferas: la primera, la que parece más evidente, la que se ve con más facilidad, es la de la pura apariencia, es decir, lo que el común de los mortales debe saber. Mas si uno se asoma al abismo, si se adentra la vista espantada en las entrañas de la bestia, se intuirá la verdad (nunca, de tan oculta, puede conocerse plenamente): esa verdad es que han matado al arte para poder matar a la espiritualidad humana. Quieren que seamos pura materia, vil barro deformable que pueda adquirir la forma que se les antoje.

Quién pudiera alejarse de este feo mundo..

   Deben saber que uno es licenciado en Historia del Arte, y que una de las miserias que pude aprender en ese tugurio llamado universidad es que en nuestros días se ha establecido el siguiente axioma: arte es todo aquello que pueda ser considerado como tal, y tal consideración depende de los que manejan el cotarro. Cómase usted un bote de fabada que caducó cuando Franco era cabo; acuda acto seguido raudo y veloz al excusado, qué menos, y haga lo que deba hacer, mas no en el "trono", sino en una urna o algo parecido. Y si el dueño de alguna galería se lo expone y un crítico influyente lo ensalza ya es usted artista. Podrá limpiarse el tafanario con billetes de cincuenta, que no le van a a faltar. En definitiva, todo es arte, lo que significa que ya nada lo es. Esa es la tan cacareada libertad; ahí está la tan ansiada igualdad. Cualquiera puede ser artista, y así nos va. Y no se molesten en criticar, que será anatematizados con lo de siempre: casposo, facha, retrogrado... Y así, el "arte" que nació como vanguardia y como expresión de rebeldía contra los valores imperantes de una "sociedad opresora y burguesa" ha llegado a ser una tiránica y estancada treta para llenarse los bolsillos. Qué lejos pueden llegar la mentira y la hipocresía.
   Permitan que les refiera ciertas anécdotas de mis tiempos de estudiante para plasmar esta farsa. Y no crean que miento o exagero. Cierto día estaba la esforzada profesora que nos impartía la asignatura de Arte Contemporáneo hablando de la cagarruta de un pintamonas cualquiera, cuyo nombre por fortuna no recuerdo. Al rato de decir unas cuantas sandeces al respecto, calló. Miró atentamente el garabato y soltó tan ricamente que se había confundido y que la diapositiva estaba al revés: confusión momentánea, ganas de reír de alguno que otro... Mas no crean que se apuró. Nos soltó que daba igual, pues para lo que tenía que decir de la obra y del artista le era lo mismo. Manda gónadas.Y no crean que la cosa para ahí: la misma docta profesora en otra sesión de tortura, tras largar una nueva sarta de dislates sobre un bodrio de la misma ralea, va y espeta que se había confundido de obra y que no era de ésta de la que estaba hablando. La excusa, la misma: qué más daba, si lo que importaban eran las circunstancias, el contexto general y demás monsergas. Lo sé: es para miccionar y no echar gota. Ahora bien, mi estrambótica memez favorita nos la regaló un muchacho que pasaba por artista, y era famosete y todo, aunque no recuerde cómo se llamaba; la mente es sabia a veces. Resulta que el profesor le había invitado para que nos diera una conferencia sobre su "maniera", o sea, su modo de trabajar. Mucho desbarró el amigo, pero el colmo se lo llevó el sucedido que él contaba como algo brillante y de lo más festivo. Decía el muy cretino que gustaba de experimentar con cosas nuevas y diferentes. En una ocasión, mientras pintaba se le cayó "un cubata" (sic) encima del lienzo. Y hete aquí que le gustó el resultado del percance. Se ve que se había sacudido un par de "golpes" de más (en la cabeza, seguro) de algo espiritoso. Pues, ni corto ni perezoso, desde entonces lo hacía con frecuencia como "técnica artística" transgresora. Y todavía fue saludada la gracieta con alborozo por parte de los alumnos. De todos modos, no se puede negar que los cuadros de este pollo resultaban "embriagadores". Lo de la "performance", que es la manera sofisticada que emplean los dizque artistas modernos para llamar a lo que no es sino hacer el majadero de una manera descomunal,  que hicieron otro día unos chalados mejor lo dejo; ya hemos tenido suficiente.
Gloriosas ruinas, antaño. Hoy, ruina a secas
   Digo todo esto para que vean que mis teorías no nacen del mucho ocio o de cierto desvarío del cacumen. El arte anterior a las Vanguardias está siendo atacado sin piedad. Cierto que aún se estudia y se aprecian a los grandes genios del pasado. El Arte Clásico, el Medieval, el Renacimiento, el Barroco... siguen todavía muy presentes en la vida académica y, desde luego, en los gustos de los más. Pero, ¡ay!, por lo bajinis serpea algo. Dos cosas: la crítica solapada, a veces no muy solapada, de la época en la que vivió el artista, al que se suele pintar, nunca mejor dicho, como a un adelantado, un incomprendido adalid de la modernidad en unos tiempos de fanatismo; lo segundo va también por ahí, pues hay una obsesiva tendencia a "actualizar" a los grandes maestros, como si su obra estuviera pensada, en el fondo, con vistas a nuestros días. Cuántas veces hemos leído u oído majaderías como que la obra de tal o cual es muy actual y que "entronca" con la "problemática" de ahora"; que sí era un visionario oprimido que quería ir más allá de las cortas miras de su entorno, o aquello otro, muy habitual, de que el genio de marras era un "precedente" de algún memo moderno, como si su obra fuera una preparación para lo que habría de venir. Y qué narices iba a saber el buen hombre lo que se iba a hacer siglos después. Muchos de estos intelectuales artífices de tanta gansada son como los cangrejos, por lo rojos y porque les gusta ir de delante para atrás en las cosas de la Historia. Y dale Perico al torno que si Velázquez era un precursor de los Impresionistas, o que Goya anticipa las Vanguardias, o que Ingres preludia a Picasso... Y una...
   Con especial saña podemos ver tal ninguneo en el siglo XIX, que es el objeto principal de estas letras. En esta centuria maldita y hermosa se da lo peor y lo mejor, y lo segundo se ha eclipsado para darle brillo a lo primero. Conviven en esos años un arte que muere, y que exhala en su agonía un bellísimo canto del cisne, con uno que nace, espantoso y contrahecho, entre vagidos horrísonos. Si en un principio el viejo arte se mantuvo vigente y predominante, y los artistas que lo cultivan tienen éxito, no tardará mucho la Vanguardia de las huestes de mal en imponer los nuevos gustos, que se basan en la ausencia de gusto. Ocioso dar nombre ni entrar en espinosos senderos. Ya bien entrado el siglo XX, gracias a una corte de degenerados, locos y caraduras esbirros que pasan por artistas se consagra el nuevo arte. Y será sostenido e impuesto con tiránico tesón. Hoy día ha muerto el arte formal, la vieja mimesis al servicio de un alto ideal. La belleza es un valor proscrito. Sólo se permite el arte figurativo si se emplea para un exacerbado realismo prosaico, que bien contribuye a vulgarizar el espíritu, o para saciar la vanidad con retratos sin vida, muchos de los cuales salen bastante caros al erario público.
  La abstracción, el arte conceptual, o como quiera llamarse a manchar un lienzo o a construir un cagarro de hierro oxidado, en definitiva, la modernidad, ha vencido. Victoria total. Fuera del nuevo arte oficial,  y aun se las dan de víctimas y juegan a ir contracorriente, poco existe, y está condenado al desprecio o a la oscuridad. Miren si no al mejor pincel de nuestros días, a la altura de los grandes maestros de antaño: Augusto Ferrer-Dalmau. Un artista merecedor de todos los laureles, la pleitesía general y un monumento frente al Prado ha quedado como pintor de una selecta minoría.
   Este mismo manto de oscuridad ha caído sobre otros muchos pintores. Ya se sabe: para conjurar un peligro no hay nada como hacerlo desaparecer; la ignorancia ajena es la mejor defensa. Y eso ha acaecido con una pléyade de extraordinarios artistas que durante el XIX pintaron maravillas excelsas. Quien más o quien menos, casi todo el mundo conoce al tarado de van Gogh, adorado por todos los que desean parecer amantes del arte, a Renoir, Gauguin, Cézanne y demás destructores del arte. Y no le son ajenas a la masa muchas obras convertidas en "iconos" de los nuevos tiempos, como el grito de Munch, que, sin duda, plasma la reacción lógica al verlo.  Mas, quién conoce actualmente a Blechen o a Sebastian Pether. Pocos dichosos.
   Si no es de ellos, amable lector, le invito a acompañarme en un homenaje a tan fabulosos pintores, un regalo para la vista que despejará ciertas penumbras, y que conste que no lo digo como reproche; mejor para todos. Si los conocía, mi brazo sigue aquí, que no creo le pese el periplo. Mas tendrá que ser otro día, que dar tanta cera a lo que no brilla me ha dejado agotado. Queden con este adelanto, y en breve daremos ese paseo. Embarquemos en breve con el genio de Greifswald a surcar los mares, a caminar por nuevas sendas... Por entre la bruma... Hacia la belleza desconocida...






Algo bello es un gozo para siempre;
su hermosura crece; y nunca
queda en nada, antes
nos será un sereno cobijo y un reposo
pleno de dulces sueños,
bienestar y un sosegado aliento.

Keats












  

7 comentarios:

  1. A quien pueda interesarle: la primera estampa de la entrada fue pintada por Carl Gustav Carus; la segunda por John Atkinson Grimshaw, y la tercera por Luis Rigalt. Para finalizar, nos embarcamos con Friedrich, nuestro cicerone en este paseo.

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  2. La filípica de medalla de oro, y los lienzos para mirar con más ojos que Jano. Ya estoy deseando que alcance su nave la mar abierta y, una vez en franquía, surcar con ella ese maravilloso piélago de Apeles. Un cordial saludo camarada.

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    1. En breve romperemos las olas camino de los más sublimes parajes, amigo mío, deleite de vista y oído. Muchas gracias por tan amables palabras... por todas...
      Un fuerte abrazo, compañero de singladuras y trincheras.

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  3. Total acuerdo muestro con mi caro hermano don Fernando. Medalla de oro. Lo que aquí ha escrito, querido don Diógenes, podría hacerse extensivo a los demás artes tan sólo cambiando nombres y referencias de artistas y obras. Asesinar la belleza y el buen gusto se ha convertido, sin duda, en la misión del “artista” de hoy. Fijen ustedes su mirada en la música, la literatura, la escultura, la arquitectura… Insultos al arte es lo que son, en general. Estos que hinchando el pecho y los bolsillos se autodenominan creadores, son “asesinos”, “abortistas” del ingenio, de la clase, en definitiva, de todo aquello que supone buscar lo bello en la creación artística.
    Le voy a contar algo de lo que fui testigo tiempo largo ha y viene aquí al pelo. Contaba yo con veintidós años y llevaba dos meses estudiando en una academia de música. Hablando en la entrada con mi profesor, abrió la puerta un chico que tendría mi edad más o menos, llevaba una guitarra en su estuche y además portaba aires de gurú. Tras presentarse y decir que le gustaría asistir o incluso dar clases en la academia, el profesor y director de la academia (un grandísimo músico), le preguntó qué música le gustaba, cuáles eran sus inclinaciones, sus preferencias. Aquel soberbio mozuelo le espetó, para asombro de todos, que él sólo tocaba free jazz... El profesor lo miró de arriba abajo, como quien escudriña un inescrutable misterio. Le preguntó, ¿has tocado swing, be bop, hard bop, latin jazz, fusión...? El joven “genio” respondió que no, que él sólo dedicaba su talento al free jazz. Le dijo el profesor que sacase la guitarra del estuche, pasásemos a un aula y tocase algo… NI diez segundos transcurrieron hasta que le dijo: Basta, no sigas, no es necesario. Esto a lo que tú llamas free jazz, ni tan siquiera puede llamársele música. Hagamos algo, cuando sepas qué es un 2-5-1, un 3/4, un 4/4, un 6/8, tocar atresillado, etc. vuelve y veremos qué se puede hacer aquí por ti. Renegando y lanzando improperios se fue aquel muchachuelo, aquel absoluto ignorante musical. Aclaro que no hay en el mundo música más compleja y difícil que el free jazz. Que aunque pueda parecer que carece de reglas, las tiene como toda la música, no se trata, como aquel atorrante creía, de escupir ruido al aire. Digo con esto que el arte, hoy en día, está lleno de tipos como aquel.

    Un abrazo, estimado amigo.

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    1. Gracias por la medalla, querido amigo, y por participarnos ese sucedido, que bien refuerza lo que he expuesto: no sólo el "hombre moderno" se jacta de ser un ignorante que no se aplica norma alguna, sino que, además, se encoleriza contra quienes ponen en evidencia su estulticia. Lógico, por otra parte. No hay nada que más irrite a un sinvergüenza o un pícaro que alguien le arruine la traza. Seguro que el pollo del que nos habla se creía genial porque era "innovador" y "rompía con lo establecido", y sólo rompía los tímpanos de los que le escuchasen. ¿No masculló ningún "facha" en su airada retirada, entre tanto improperio? Seguro que el mozo acabó gozando de una prebenda y dando clase en alguna cosa oficial, como buen esbirro. Como si lo viera. Esto se va al guano, si no se ha ido ya. Y no es un accidente, ni la libre voluntad general, ni la feliz llegada al fin anhelado de todos los tiempos. Alguien muy malvado y siniestro mueve los hilos. El arte hoy día... helarte de pavor.
      Un fuerte abrazo, amigo mío. La lucha sigue.

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  4. Ya sabe amigo Fiógenes que yo soy amigo de modernidades (especialmente en temas religiosos) y que no les tengo manía; pero es bien cierto que no debe confundirse modernidad con estupidez o incluso estafa.
    Tengo una anécdota en el museo de arte abstracto de Cuenca (bueno donde los haya) con cuyo conservador me une un lejanísimo lazo familiar y siendo niño (más bien adolescente) nos enseño con detalle el museo y ante un lienzo de Tapies (me resisto a llamarlo cuadro; yo en mi ingenueidad adolescente le dije: "pero si parece hecho con mierda", a los que el me contesto: "así es, pero con mierda tradata para que dure porque si no se descompone. Ese es el mérito".
    En fin sobran los comentarios.
    Ni que decir tiene que el cuadro (un saco de patatas viejo con una X enorme que lo cruzaba hecha con mierda tratada muy especialmente) era de los más "valiosos" del museo pero de los más horribles.

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    1. Usted lo ha dicho, amigo mío: no hay que dar gato por liebre ni modernidad por timo. Todo esto del arte contemporáneo es una gran estafa realizada con fines muy malvados. Por lo que se ve, nada hay que hacer, pues hasta se defiende el excremento. Hilarante su anécdota, querido Tío, y muy al caso. No se puede negar que la "cosa" de Tapies era una mierda, de un modo literal además de figurado, pero como es mierda "tratada"... Pues vaya mérito. Imagino que ya habrán puesto en la carrera de Bellas Artes una asignatura de Química. Con qué pena voy a tirar de la cadena la próxima vez que... ya me entiende. Me sentiré como un talibán de esos que destruyen obras de arte. Vivir para ver, y lo que se ve...
      Un fuerte abrazo, amigo mío.

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Opinen en buena hora, amigos, opinen, que me huelgo de leerles.