domingo, 4 de diciembre de 2016

"SOY DE IZQUIERDAS"


Por aquí van los tiros
  No vayan a creer, caros lectores, que el titulo de este nuevo delirio obedece a un exceso absoluto de locura o a una falta total de vergüenza. No se alarmen. Y tampoco se me emocione la parroquia, por decir algo, piojosa, berreante y bujarrona, que no me he afiliado a la horda bermeja. Por ahí no van los tiros. Me clareo ipso acto. Al grano.
   Doy por sentado que la mayoría de la minoría que se acerca a estas soledades no cree en la magia ni en zarandajas de esas. Craso error, incrédulos y queridos amigos. La magia existe. Sólo tienen que observar atentamente a su alrededor para comprobar ciertos prodigios que únicamente pueden ser explicados si se tienen como fruto de artes nigrománticas. Les puedo asegurar, tras años de arduas investigaciones, que hay hechos asombrosos más allá del alcance de la razón y del sentido común que acaecen gracias a lo dicho. No le den más vueltas.
   No me cabe duda de que estarán ardiendo en deseos de saber cómo es esto posible. Pues bien, al igual que en toda ciencia o campo del saber, la magia requiere de ciertos conocimientos que lleven a dominar sus arcanos Algo fundamental, pues, resulta la adquisición de determinadas fórmulas que obran como puertas a los fabulosos portentos que la hechicería propicia. Estas palabras, dichas de acuerdo a los principios mágicos que las inspiran en las apropiadas circunstancias, son capaces de lograr cosas que, de otro modo, nos resultaría harto difícil, por no decir imposible. Y yo, pásmense, he dado con uno de estos conjuros, lo cual no significa que quiera hacer uso de él.
  Se preguntarán ustedes cuáles son esas palabras mágicas cuya sola pronunciación provoca sortilegios pasmosos. No tengo empacho alguno en participárselas: la fórmula es... "soy de izquierdas". En efecto, queridos, así de fácil. Otro cantar radica en los pequeños y, por lo general, sórdidos detalles que acompañan al ritual. Francamente, preferiría no entrar en ellos, que aún no he tomado el aperitivo, y ciertas cosas quitan el apetito.
   De este modo, basta con pronunciar tales palabras para que la magia se ponga en marcha y consiga el Merlín de turno lo que se proponga, De no ser así, no podría ni soñar con tales beneficios. Como no deseo extenderme sobre los pormenores teóricos del caso y el ejemplo, argumento supremo, es la mejor manera de demostrar algo, dejaré caer unos cuantos para que los lectores de poca fe terminen de convencerse.
Abracadabrante
   Para abrir boca, y a fuer de ser uno un diletante, comenzaré por la aplicación de esta magia, que aunque parezca negra es antes roja, en el mundo del artisteo; no digo del arte porque no quiero manchar tan excelso término. Fíjense ustedes en ese pintamonas de tres al cuarto que llena los lienzos de rayajos, manchurrones y demás mamarrachadas. Acude a los círculos adecuados, muy esotérico todo, y pronuncia el conjuro de marras. Por arte de birlibirloque verá sus obras expuestas en una galería, como si fuera un mercado, listas para ser adquiridas por sumas nada despreciables por la crema de la sociedad, que desea con avidez lucirlas en los salones de sus casas ante sus congéneres, muertos de envidia. Cuadros que han de alimentar las pesadillas de una alma sensible, dignos de una sala de torturas, pasan a ser, meced a la magia, cotizadísimos trofeos, lo de feos nunca mejor dicho, que hacen a la cuenta corriente del dizque artista ser también objeto de envidia, por más que el nuevo Apeles desprecia algo tan vulgar como el dinero.
   Y qué decir de los escultores, por llamarles algo. Crea uno en su taller un zurullo de metal herrumbroso que llenaría de espanto al mismísimo Maligno, se planta en el ayuntamiento de algún correligionario de zurdeces y espeta lo que ya saben... ¡Abracadabra! En menos tiempo de lo que se tarda en sentir náuseas al verlo aparece en alguna de las mil rotondas del pueblo la plasta gigante, para horror de todos, menos de las carteras del alcalde y allegados, que bien pellizcan los muchachos del escandaloso presupuesto dedicado al asunto. Todo por la cultura. Y, entonces, se vuelve el artífice más solicitado que un Miguel Ángel y se llena los bolsillos de vil metal gracias a llenar España de metales aun más viles.
   Lo mismo reza para los sucedáneos; miren si no en el páramo del cinema patrio: sea usted un mediocre director experto en pestiños insoportables; un mozalbete con ínfulas de actor que sólo sabe berrear, darse aires de chuleras y al que no se le entiende ni jota; o esa pimpolla cuyo talento radica en lo rápido que se quita la ropa... "Soy de izquierdas", claman con voz mal impostada y en el acto comienza su vuelo a las estrellas. Y no se extrañen si alguno que otro aterriza en la Meca del negocio, aunque sea el paradigma del odiado capitalismo y el tan combatido imperialismo yanqui. ¿No hay magia en esto? Pues expliquen si no cómo aparecen de la nada ciertas jugosas subvenciones para financiar la basura que se proyecta en salas vacías. Sin duda alguna todo viene de estos encantamientos, y bien encantados que quedan con esos "dinerines" que se sacan de la chistera -ajena, claro-, aunque aquí pocos chisten.
   No son, faltaría más, una excepción los escritores, palabra punto más que generosa en la mayorías de los casos. Tomemos a cualquier juntaletras al uso, divo en ciernes: ha emborronado unas cuartillas con las majaderías más colosales, expelidas con un estilo atroz. No sirven ni para limpiarse esa parte de la anatomía donde la espalda pierde su buen nombre. Mas no subestimemos los poderes de la taumaturgia. Tres palabritas de nada y varios miles de menos aún aparecerán en la lista de los bodrios más vendidos. Portentoso. ¿Y los cantautores y demás tropa afónica y desafinada? Ídem. Conjuro al canto y dar el cante, pues cantar, lo que se dice cantar, poco. Caen los bolos por doquier en esta triste España nuestra, donde, por desgracia, hay bolos para dar y tomar.

   Viendo cómo se las gastan algunos magos de estos pagos, el Cabroncete de ahí abajo queda en mantillas. Qué bien se lo pasan en Ferraz

  No obstante, donde con más frecuencia y mayor poder se da esta magia es en el pantanoso terreno de la política y alrededores. Aquí la cosa es de un asombroso que hasta el más curtido espíritu se queda de piedra. Sigamos por la senda del ejemplo. Pongamos por caso un sujeto de lo más inútil para quien hacer la "o" con un canuto es una proeza. Un buen día la fortuna pone en su camino la fórmula mágica que ya conocen y pasa, tras la obligada fase de pegar carteles, traer cafés y dar palmaditas en el hombro, a ocupar una concejalía de lo más lucrativa, un huequecito en alguna empresa pública, tan innecesaria como gravosa, o Dios sabe qué, mientras se trabaje poco y se gane mucho. Pura magia. Y de ahí para arriba, que hay más magos en los muchos parlamentos que jalonan la patria que en una película del Harry Potter ese. Lo que más me admira de esta panda es su facilidad para hacer desaparecer las cosas, en especial los dineros del arca pública. Le ponen un velo, unos movimientos de mano, a veces unos polvos, mucha palabrería y ... nunca más se supo.
   Menester es decir que no sólo estos prodigios son cosas de magos, que también las brujas, y haberlas haylas, lo trabajan que da gusto, sobre todo para ellas. Miren, si dudan, a esa nulidad periférica que se paseaba a modo de abejilla zumbona y tocanarices. Gracias a la brujería ha pasado a ser pájara de altos vuelos: y nadie le corta las alas. Caso similar de macilenta arpía lo vemos en el "foro": ¡Magia potagia! y se transforma el mazo en vara, y qué manera de dar la vara. Sublimes arcanos. Y sin movernos de lo eterno femenino, hay que fastidiarse con los poderes del conjuro, pues a la fémina que lo emplea no se le puede poner un dedo encima, además de por lo horrenda, mientras que las que no lo usan están a los pies de los caballo, y los asnos. Diga usted, amiga mía, lo de "soy de izquierdas" y nadie osará criticarla, aun siendo el espantajo más grotesco y pernicioso. Ahora bien, déjese de artes maléficas y verá cómo, incluso, mancillan su cadáver. 
   Especialmente sorprendente me resulta el efecto que este sortilegio causa sobre las personas, llevando a transformaciones que le dejan a uno patidifuso o a un grado de obnubilación de los sentidos, sobre todo el común, que ni en las peores pesadillas. ¿Creen que exagero? Observen ustedes a ese joven pobrete que no tiene oficio ni beneficio, vive como puede y se pasa la vida despotricando contra los ricos, aunque se fenezca por ser uno de ellos. "Soy de izquierdas", proclama en el momento y lugar adecuado el pelagatos y se apreciará, ¡oh, embrujo indescriptible!, una mutación de no te menees. La pobre dieta de "bocata" de sardinas y tercio de cerveza se troca en un pispás en exquisitas colaciones a base de marisco, ibéricos, pero sin patriotismos "fachas", y los más selectos caldos. En este punto es mi deber advertir a aquellos que se sientan tentados que esta magia tiene efectos secundarios sobre el organismo, preferentemente en lo que toca a ciertos ensanchamientos corporales, más aun si el cuerpo es de sindicato; de los adelgazamientos de las bolsas que los propician es mejor no hablar.
   Ahí no queda la cosa: hay más mutaciones. El "don nadie" que se adentra por los oscuros orbes de la hechicería verá como en un abrir y cerrar de ojos su pantalón mugriento de pana, su camisa de cuadros que apesta a  "humanidad" y a porro, y el pañuelito a modo de mantel moruno y terrorista se mudan en delicados y carísimos ropajes de marca. Y se acabó el Metro, que se desvanece en el éter para dar paso a soberbios coches, disfrutados por pocos y pagados por muchos. Se acabaron las visitas a tugurios infectos: se esfuman, y su lugar lo ocupan lo más célebres restaurantes, de esos que también tienen su punto de magia, que de otro modo no se explica como tan poca comida pueda hacer que vuele tanto dinero. Se acabaron las preocupaciones por el trabajo y el sostén cuando la vejez venga visitarlos: se volatilizan como el naipe en el bolsillo del mago, que no han de faltar puestos de ensueño, mejor pagados cuanto más zoquete es el interfecto, ni pensiones de infarto por pocos y ociosos años. Vivir para ver.
Mucha mano izquierda se tiene
   Y respecto al poder de la nigromancia para nublar la sesera y los sentidos... más prodigios increíbles. Volvamos a nuestro mequetrefe: le da por decir lo de "soy de izquierdas" y, a partir de entonces, ya podrá soltar lo que quiera sin que que muerda el polvo por tanto roer. Salen de su sucia bocaza sapos y culebras, sandeces al por mayor y burradas dignas de un legendario sopapo y ahí verán a jueces y periodistas perder el habla y el oído; el tacto, sobre todo de lo verde, nunca les falla. Maravilloso. Me quedo de una pieza ante el formidable poder del conjuro. Y eso no es nada: tóquele los innombrables a alguien que no sea del gremio, moleste a sus anchas, sacuda de lo lindo, queme contenedores, hágase un virtuoso del adoquín (se ve que el parentesco hace mucho), haga el zopenco de un modo que abochornaría a Atila...Nada... "Soy de izquierdas"...  ¡Hocus Pocus!, y se vuelve el energúmeno invisible e incorpóreo, pues nadie le puede tocar. Y a otra cosa.
   Si hablamos de los efectos que tal sortilegio tiene sobre las masas, sobre todo las mediaseteras, atresmedianas y prisaicas, son tan aberrantes, tan devastadores... que sería largo y enojoso en extremo entrar en ello. Quédese para otro día; hoy ya no estoy para más gaitas y me da que han quedado ustedes convencidos. Además, también tengo yo algo de hechicero y me acabo de sacar de la manga una copa de brandy y una pipa bien cargada de un excelente Cavendish que no son moco de pavo. Ni el Houdini... Si me disculpan, debo hacer desaparecer ciertas golosinas... ¡Sim sala bim!...



Bien podría ser esta pavorosa imagen una metáfora de España... Bueno... ¿metáfora?












4 comentarios:

  1. Estimado don Diógenes, que alegría me causa encontrarme con este sustancioso y delicioso texto suyo. Se le echa de menos y mucho...o más. Tanta verdad, razón y exactitud se halla en sus palabras como en que dos más dos son cuatro. Decir soy de izquierdas es graduarse con matrícula de honor en la carrera de vividor caradura. Es increíble a dónde han llegado las cosas, y lo peor es que no pararán donde están sin que alcanzarán aún más lejos. No me extiendo porque ya lo ha bordado usted y qué sentido tendría decir lo mismo cambiando palabras. Magnífico y superior como es norma y costumbre en usted.

    Un fuerte abrazo y mis mejores deseos para usted y los suyos, amigo mío.

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    1. Mayor era mi añoranza, querido amigo, de estas penumbras y sus ilustres visitantes, así como de nuestros sabrosos coloquios. Y qué decir de mi alegría al verle honrar mi antro con sus elogios y sabias palabras. Infinitas gracias, maestro. Lástima que el motivo que aquí nos ha reunido sea tan lamentable. En efecto, y aunque lo tomemos a chufla, España, el mundo, está inficionado por una funesta plaga. Lo peor de todo, como bien apunta usted con sus dotes de clarividente augur, es que lo peor está por llegar. Se avecinan tiempos tenebrosos, y lo que hoy vemos como negros nubarrones mañana nos parecerán añoradas nubecillas grises de llevadero chaparrón. ¡Ojo al diluvio!
      Un enorme abrazo, don Luis, unido a mis más afectuosos parabienes. Y que no falte el buen vino en las trincheras.

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  2. Ante todo felices Fiestas -para don Luis no, que no le gustan los parabienes navideños-, un placer volver a leelle, camarada. Sólo diré una cosa: Larra redivivo. Un fuerte abrazo... ya creía que se lo había llevado Dios a sacudirle sonetazos al rojo de Asmodeo.

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    1. También le deseo, querido amigo, unas Felices Navidades. Y, qué narices, también le envío mis felcitaciones a don Luis, que, aunque a veces se nos disfraces de Mr. Scrooge, es un pedazo de pan.
      Gracias por sus amables palabras, don Fernando. El placer es todo mío de tenerle aquí en estas penumbras. Lo de Larra me ha llegado al alma, que es uno de mis escritores predilectos. Qué más quisiera yo... Aún sigue don Mariano, cual un nuevo San Miguel, sacudiendo calamazos a diestro y siniestro, mas a siniestro, por allá abajo. Trabajo tiene.
      Y ahora, ¿apetece una copita de Oporto para regar esta bandeja de dulces navideños? Sus y a ellos.
      Un fuerte abrazo, amigo mío.

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Opinen en buena hora, amigos, opinen, que me huelgo de leerles.