miércoles, 14 de diciembre de 2016

AUREA MEDIOCRITAS





 Retirado en la paz de mi Caverna,
con poco, y se me antoja demasiado,
vivo;  y ningún afán o vil cuidado
mi existencia plácida gobïerna.
 
A solas duermo tan feliz a pierna
suelta. El laurel lo quiero en lo guisado;
para el orto me dejo lo dorado
y me bebo la gloria sin taberna.
 
Ajeno y propio, vivo en el olvido;
me paro sólo en el hermoso antaño
y me cuido muy poco del futuro.
 
Poco a la Fortuna doy, menos pido.
De la ambición no temo ningún daño,
que me huelgo en los fulgores de lo oscuro.







Nec timeas nec potes















4 comentarios:

  1. Grande, muy grande es esa filosofía que sabe conformarse con lo justo y medido. Ese pensamiento que manda a las ambiciones a freír espárragos en ajenas sartenes. Nada mejor que la mesura para vivir en paz. Magnífico soneto, don Diógenes. Un placer leerle y pasar un ameno rato entre estos acogedores muros suyos. Un fuerte abrazo, amigo mío.

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    1. Se echa de ver en sus palabras que es usted un hombre sabio, don Luis. Qué senda tan poco seguida y tan reconfortante la que tira por el medio y no serpea entre jaspes y mármoles, entre el rumor de las masas y el barullo de las gentes; la que no acaba escalando hasta doradas cúpulas. Si áspera a la vista en los comienzos, es deleitosa en extremo cuando se han hecho las piernas al camino. Antológica su metáfora, amigo mío: mire que me chiflan los espárragos, pero eso de que los frían en sartenes ajenas y comidas por la ambición me ha sabido mejor que una buena docenita.
      Muchas gracias por la visita y por tan amables palabras. Y como no sólo de acogedores muros vive el sabio que se "retira de aqueste mundo malvado", permita que le sirva una bandeja bien abastecida y regada como Dios manda. Con la templanza que la ocasión requiere, sus y a ella...
      Un fuerte abrazo, maestro. Hasta pronto, si el Cielo lo quiere y me da fuerzas para que nos veamos en unos glorosos muros que no son estos míos tan humildes...



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  2. In medio virtus... y todo, con moderación. Mas no hay modración en aqueste castellano cálamo. Un Baco de los consonantes ante el que rindo humildemente mi holocausto.

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    1. Pues sirva como agradecimieto, príncipe de los poetas españoles, por sus palabras lo que, a fuer de Baco, es menester descorchar. Apaguemos con excelsos caldos el fuego de su holocausto, don Fernando. Mas que nunca se extinga el fuego de la poesía en nuestros siempre jóvenes pechos. Hasta el final, que también la moderación debe conocerse a sí misma.

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Opinen en buena hora, amigos, opinen, que me huelgo de leerles.