martes, 2 de agosto de 2016

MIRANDO AL TECHO...





   Lo malo de aquellos que no quieren ver es que arrastran a otros en su caída.


  Los buenos propósitos, cuanto más fuertes en la boca, más débiles en el corazón.


   Hoy día sólo nos queda una libertad: la de elegir nuestro yugo.


   No querer ver lo evidente es la mejor manera de que lo evidente nos destruya. No hay debilidad más humana, ni debilidad más idiota.
 
 


   El peor de los tontos es el que siente la necesidad obsesiva de dejar a los demás como tales.


    Quien sabe escuchar, sabe sufrir.

 


   ¿Quién sabe escuchar hoy día?



    La obsesión por dar trufas a los cerdos acaba siempre con pocas trufas y muchos cerdos.



   Descartes dijo: “Pienso, luego existo”. Que me explique este buen hombre cómo es que existe más de uno que conozco.


   Sólo apreciamos de verdad las cosas cuando podemos perderlas. Y qué insano gusto por perderlas tienen los más.


   Con el amor pasa lo mismo que con la política: el que más habla de él, y con más fatuidad, es el que menos lo conoce.


   El sabio calla lo que el necio habla.


   No hay nada más dañino que una mentira con apariencia de verdad.


   El que niega con vehemencia extrema, con astucia extrema oculta.


   Lo oculto rige el mundo.

















2 comentarios:

  1. Sabias palabras... mas en la medida que no se escuchan, se escucha a los que las desoyen. Un abrazo, magister.

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    1. Ni Salomón lo hubiera dicho mejor, amigo mío. Se pierde en lontananza el eco de la cordura, mas el del rebuzno halla hospitalidad por doquier.

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Opinen en buena hora, amigos, opinen, que me huelgo de leerles.