jueves, 25 de agosto de 2016

HOMENAJE EN EL ADIÓS


   No crean, amigos míos, que en mi despedida, la cual espero no sea para siempre, he pecado de jactancioso al dedicar estas últimas letras al humilde morador de las soledades que con grato y siempre bienvenido paso ustedes ahora pisan. Nada de eso. Si doy a la luz la misma luz es más por amor a la poesía que a uno mismo, pues si el soneteado es poca cosa no puede decirse lo mismo del soneto. Así, me parecía injusto y egoísta reservar para mí solo estos excelsos versos. Vayan para gloria del autor, que no de quien los recibe, y quede su eco como sublime acento en mi ausencia.
   Y no desearía despedirme sin dar otra explicación: igualmente no me mueve vanidad alguna al atreverme a mancillar este bellísimo soneto colocando al lado uno mío. He dudado mucho a la hora de hacerlo, pero como es de bien nacidos ser agradecidos, y yo lo estoy en extremo a don Luis, quiero que quede constancia de ello, así como de mi amistad y admiración. Cambiemos los términos, y sean esos pobres renglones para loa y homenaje del gran poeta que los inspira y no para loor del mediocre que los ha pergeñado con harta dificultad. La intención era buena.
   Sin más dilación, allá van, que no me gustan las despedidas. Hasta siempre. O dicho al antiguo modo: aeternum vale...



SONETO A DON DARÍO


Manzanares, escucha bien atento
el armónico son que l´alta lira
de don Darío sublime suspira,
hija es del de Apolo sacro instrumento.

Sabe que no pasto será del viento
pues de Las Nueve l´alma esencia inspira,
de oro versos tal cálamo transpira,
y es de puro lauro su blando aliento.

Si de oírla dejases, agradecido
al Atlante en tus ondas su voz lleva,
ya en regalado paso o en raudo vuelo.

Y de aplausos tu curso vista el cielo,
pues será de tu amor tu muerte prueba,
que honrándole darás enternecido.


Luis Varela









SONETO A DON LUIS

Jamás Musa ninguna vistió galas
tan bellas, ni jamás tan bello ha sido
de la lira el olímpico tañido
como cuando tu verso nos regalas.

¡Oh, don Luis!, tu estro de doradas alas,
el ánimo suspenso y embebido,
mueve del páramo a jardín florido,
que son de Edén tus rimas antesalas.

Del gran lucero cordobés fulgor
reflejas en esta era de penuria
que orfebre enjoyas, lírico furor

que es de lo feo y lo vulgar injuria.
Al áureo siglo haces honor,
pues en ti ha renacido esa centuria. 















6 comentarios:


  1. Nada más lejos de mi intención que el enojarme en una despedida, pero si vamos por este camino, me temo que así será. Me duele en extremo que casi menosprecie usted al bellísimo soneto que ha tenido la amabilidad de dedicarme. Nada tiene que envidiar al que le he dedicado yo a usted, como nada tiene que envidiar su pluma a la mía. Mas al contrario la mía ha aprendido de la suya desde el día que tengo el honor de conocerle. Está usted entre mis Maestros, y esto no lo digo como elogio, lo digo como la clara verdad que es. Brindemos, estimado amigo, brindemos por la literatura y por la amistad y perezcamos o resucitemos en los brazos de Baco. Pero antes de darnos a tal placer, quiero agradecerle todo el tiempo que ha dedicado a mi poesía, toda su generosidad y toda la amabilidad, amén de su lirismo, que siempre ha engalanado sus brillantes comentarios. En cuanto a su soneto, pasa a ocupar el lugar que merece, cual así ocupan ya muchas otras cosas suyas, en ni biblioteca, junto a los grandes. Espero y deseo que vuelva usted por estos páramos de Guguelia lo antes posible, pues quedará esta tierra coja, manca y hasta muda con su ausencia.
    Un fuerte abrazo, estimado amigo.

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    1. Querido amigo, admirado poeta, espiritu elevado espejo de virtudes, acepto de mil amores ese brindis, esa muerte y esa báquica resurrección. Y sea la sempiterna poesía ave fénix que de entre las rojas ondas del sagrado néctar, el vino de los vates, resurja una y otra vez. Como siempre, su pluma me emociona y me deja agradecido, por su bondad y su talento. Me abruma usted. ¿Maestro yo? Generoso en extremo es usted conmigo, cuyo estro bebe de altas fuentes, y son mis versos pequeño riachuelo que corre por los llanos. Gran honor le hace a mi soneto. No conozco mejor galardón. Merecía su genio más, aunque no pueda ser superada la intención y el afecto.
      Bebamos, pues, en cálices dorados. Sea dulce el licor que apuremos. Aunque me desvanezca como lo que siempre he sido, un fantasma; aunque un destino adverso y mis culpas me obliguen a dejar en seco el cálamo y a un forzoso destierro de las fértiles vegas de la gugeliana Isla de los Mirlos Blancos, no por ello he de dejar de manifestarme. Los bellísismo acentos de su lira, don Luis, las efusiones llenas de emoción y los transportes divinos de su poesía harán de conjuro que me atraiga, como ave perdida en las tinieblas que acude a la luz del faro. Soy yo el agradedido.
      Bebamos, sí, bebamos y brindemos. Por las animas sublimes, por la estirpe maldita, que ha de ser eterna. Hasta el fondo, hasta siempre...
      Un caluroso abrazo, amigo mío.

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  2. Quede aquí por dicho y admitido de mi parva boca todo lo que aseveró don Luis de vuestra pluma y persona. Por vida mía que grande dolor y espacio en blanco queda en l'alma por tan colosal ausencia. Mas sean los consonantes aquese faro que acá se cita. levanto mi crátera do mezclánse lágrimas y la sangre de cristo. Mas también las perlas de la alegría por conocelle oh Patroclo castellano... dejo en las arenas de aquestas desoladas costas mi pobre rima y mi afán de que los vientos y espumas lleven sus sones hasta vuestras costas. Nunca adiós, siempre hasta pronto. Un abrazo, hermano, que muchas son las sendas del Altísimo y por los clavos de cristo que aún han de volver a encontrarse nuestros brazos.

    SONETO A DARÍO, EN RECONOCIMIENTO,
    INTITULADO LA CAVERNA


    No, Polux, solo al dragón furioso
    la herida umbrosa de la tierra
    su llama en pétreo lienzo encïerra,
    pues ve acá estotro fuego poderoso.

    Y si igual el de Apolo dardo airoso
    ves hender el seno de la sïerra,
    escucha el quedo canto que hace guerra
    allí al proprïo Marsias victorioso.

    De aqueste al otro polo de Castilla,
    en fulgor incomparable suena,
    la sien que tiene al lauro de atavío.

    Mi cálamo a su son es triste astilla
    que hacer quiere eco en albas de azucena
    a su preclaro nombre, y es Darío.

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    1. Las lágrimas que ahora se vierten sobre el vino son de emoción y agradecimiento, querido don Fernando. No sé qué decir, salvo que me siente honrado y conmovido por sus exquisitas palabras. Su soneto... ¿arde el sol? ¿Es hermoso el amanecer? ¿Es la diosa Venus bella? Es fuego inalcanzable. Qué decir para encarecer el excelso fruto de su cálamo, amigo mío, que de astilla nada tiene. Antes es secuoya poderosa e inmarcesible que alcanza alturas descomunales. Tras leer su excepcional soneto, eco de otros siglos, y el gemelo de don Luis, me siento de tal modo afortunado que no me cambiara ni por Alejandro Magno.
      ¡Ea!, vengan esas copas, sólo mezcladas con risas, y que los aromas de los brebajes báquicos empapen los espíritus; fúndanse sus vapores con los alientos poéticos y fluyan por el éter en eterno vuelo. Nunca adiós, nunca. Siempre hasta siempre. Sobre las duras peñas, sobre las aguas turbulentas, sobre las plácidas arenas de remotas playas idílicas... volarán las águilas solitarias. Se cruzarán sus alas...
      Un fuerte abrazo, hermano.

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  3. Anna de poemias me paso tu blog pasare mas veces por aqui
    http://anna-historias.blogspot.com.es/2016/08/los-pasos.html?m=1.
    Besos

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    1. Mi casa es la suya, querida. Bienvenida. Pase y póngase cómoda. ¿Una copa? Por mi parte, será un gran placer visitar la suya.

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Opinen en buena hora, amigos, opinen, que me huelgo de leerles.