martes, 30 de agosto de 2016

DIÁLOGO DE LAS EDADES



   En la montaña. Entre ásperas peñas se alza solitaria una gran cruz. A sus pies, la Edad Pasada y la Presente. La primera es una anciana de aspecto venerable: su rostro guarda aún restos de una gran belleza, aunque las huellas de ciertos vicios y penalidades se han marcado con rigor en él. De sus viejas galas sólo quedan gloriosos despojos. La Edad Presente es una joven vestida con ropas tan caras como extravagantes. Sus muchos afeites no disimulan su fealdad. Hablan: la primera, con una voz de hermoso timbre que suena a eco vacío y melancólico; la segunda, con tonos de hipócrita dulzura. Ambas se desprecian. La joven odia. Están aguardando a la Edad Futura.


   -Edad Presente: No sé por qué hemos tenido que venir aquí a hablar. Este lugar me pone los pelos de punta.
   -Edad Pasada: Creía que una joven tan arrogante, que se cree cima de los tiempos y culmen de las épocas, sería más valiente.
  -E. Pre: No me has entendido (lo dice algo amostazada). No es miedo, es sólo repelús. Es un lugar siniestro, vestigio del oscurantismo y de la intolerancia.
 -E. Pas: (Con una mirada de desprecio absoluto) ¿Intolerancia dices? Y es por ello por lo que vas a destruir este lugar, aunque tantos se oponen. Hay que practicar las virtudes, no sólo predicarlas.
   -E. Pre: Hay que ser intolerante con los intolerantes, como dijo el gran Voltaire. Como ves, no todo lo antiguo es despreciable.
   -E. Pas: Ni todo lo moderno digno de elogio. De todos modos, el problema está en discernir quién ha de ser el árbitro de la tolerancia, quien ha de decir lo que es tolerable y lo que no lo es. Hoy día, parece que esa misión recae en quienes tienen tantas palabras bonitas como actos feos.
  -E. Pre: Bueno, bueno… déjate de retóricas llenas de telarañas y vayamos al grano. ¿Por qué me has citado aquí? ¿Qué deseas?
   -E. Pas: Preferiría esperar a la Edad Futura. Quiero hablar con las dos. Deseo ofreceros, ya que mi final se acerca, el fruto de mi experiencia, a pesar del desprecio que manifestáis por el magisterio de los siglos. Aunque poco merecen los hombres, al menos vale la pena esforzarse por la selecta minoría que aún los dignifica.
  -E. Pre: (Con ademanes groseros que denotan fastidio) No creas que necesito de tus caducas lecciones. Estás trasnochada y sólo eres un obstáculo para el progreso. Pero te escucharé, para que veas que soy tolerante y abierta. Tú en mi lugar no lo hubieras hecho.
  -E. Pas: Yo también fui joven una vez. Y cometí errores. Pero nunca el peor posible: rebelarme contra todo lo anterior en nombre de las más absurdas quimeras. Bien sé lo que se esconde en tu fondo. Y tu presunción de hoy será tu desgracia de mañana. El tiempo pasa para todos…

   En ese momento aparece la Edad Futura. Es una niña de aspecto casi monstruoso. La mirada, de su único ojo, entre cruel y perdida. Está ensimismada. Lleva por adornos cadenas en tobillos y muñecas. Del cuello le pende un colgante rematado por una pirámide. Su andar, sus ropas, sus maneras… todo da escalofríos…

   -E. Futura: ¿Qué diablos queréis, viejas? Estoy muy ocupada.
   -E. Pas: Según parece, la insolencia es progreso.
   -E. Pre: No empieces a dar la murga. Es una niña y necesita libertad. Tiene que realizarse.
   -E. Pas: No sé que es más infame, si lo que dices o la forma en que lo dices.
   -E. Fut: No me estarás faltando al respeto, ¿verdad, vieja chocha?
   -E. Pas: No puedo faltar a lo que no hay. No sabes lo que es el respeto, ni lo sabrás. Sólo conocerás el miedo.
   -E. Fut: ¡Ehhhhhh! (El mugido se acompaña de una mirada entre bobalicona y recelosa).
   -E. Pas: Terrible que sólo se aplique la inteligencia a la maldad. Qué ufana grosería; qué orgullosa idiotez.
  -E. Pre: ¡Basta ya! Sólo te falta encender una hoguera y quemarnos. Estás llena de rencor y deseos de venganza. No toleras la libertad, ni el progreso que la trae. Las coronas ya han caído. Y ya caerán las cruces. Deja a la pobre niña y no la amargues con tus caducos valores y tus modales represores.
   -E. Pas: ¿Libertad? Mucho pronuncian esa palabra los esclavos. ¡Ea!, consiéntele todo, tanto como a mí me niegas. Ya pagarás en el futuro, pues lo mismo que tú haces conmigo ella hará contigo.
   -E. Fut: No tengo todo el día. Me aburrís con vuestras peleas. Decidme lo que sea, que me largo.
   -E. Pre: Eso, habla ya. Tenemos mucho que hacer.
   -E. Pas: No lo niego. Aún os queda mucho por hacer, mucho por ganar, mucho por perder. Ya que estáis tan impacientes por lanzaros al abismo, seré breve. Os he llamado para amonestarte a ti, loca insensata, por tu comportamiento; y a ti, niña mimada, para advertirte de lo que te espera. Las sombras acechan, y mi tiempo se acaba.
   >>Soy vieja y, lo peor aún, mi vejez es lastimosa por lo mancillada. A mis espaldas quedan muchos siglos. En ellos ha habido de todo, lo bueno y lo malo, muchas veces indisolublemente unidos. Si se vertió la sangre a raudales, con la misma generosidad se derrochó el talento; si hubo intransigencia y fanatismo, también hubo altura de miras y elevada espiritualidad; descendí a las simas de la miseria para ascender a las cimas de la gloria. La crueldad rigió con mano dura, pero en nombre de la grandeza. En mi seno siempre ha anidado la desigualdad, pero si algo hay más deplorable que la desigualdad, eso es la igualdad.
   >>En definitiva, bajo mi capa he conocido épocas de hierro y épocas doradas. Lo peor y lo mejor del hombre. Pero los frutos más exquisitos del alma humana, con su deleitoso sabor, siempre endulzaban el paladar de las amarguras. Los sentidos y el alma se elevaron. Mis ojos y mis oídos siempre se han deleitado. He gozado y sufrido con igual ardor. He amado y despreciado arrebatadamente. Nunca desprecié la guerra, ni compré la paz a alto precio. He rezado con auténtico fervor. Viví siempre de acuerdo a la Naturaleza, y si bien no he accedido a sus más ocultos arcanos, no la he querido sojuzgar del modo más aberrante; nunca he pretendido navegar contra las corrientes del sentido común…
   >>La belleza, la gloria, el honor, la justa fama, lo más elevado y hermoso de esa frágil y despreciable criatura que es el hombre siempre ha tenido en mí asilo, y siempre ha sido venerado con la más sincera pasión…

   Calla la Edad Pasada como si hubiera caído en un transporte de éxtasis nostálgico. La Edad Presente bosteza y hace ostensibles gestos de impaciencia y menosprecio: hace mucho que dejó de escuchar, si es que alguna vez ha escuchado. La Edad Futura, al margen, se entretiene con una extraño aparatito del que no levanta su único e hipnotizado ojo. La Edad Pasada vuelve en sí; mira con suma pena a sus acompañantes, suspira y retoma su discurso.

   >>…Sé que me ignoráis, como a todo sabiduría que os pueda guiar en vuestro desvarío…
   -E. Pre: (Con muy malos modales interrumpe). Va para largo el sermón. Me aburro.  
   -E. Pas: (Sin hacer caso). Viniste al mundo, joven alocada, cuando yo era ya vieja y decadente. Estaba agotada. Y tú aprovechaste para rebelarte y enseñorearte de todo. Apareciste tan joven y vigorosa, tan llena de ilusiones y bonitas palabras… Cómo engañaste a todos con tu elocuencia de demagogo vocinglero. Sí, esa es tu esencia: la mentira. Eres un espejismo, un embeleco que turba los sentidos y manipula con falsas apariencias.
   >>Prometías un nuevo mundo de perfecciones y dicha inefable, pero sólo has traído una falsa imagen que adorar. Querías libertar a los oprimidos, pero para sojuzgarlos con nuevas cadenas que, podrán ser de seda, pero cadenas son; hablabas de igualdad, pero la pesas en las balanzas de los mercaderes; se llenaba tu boca arrogante e impía de fraternidad, pero para ti los hombres son sólo un uniforme rebaño al que pastorear. Al albur de la luz que prometes, que no es más que el fulgor del oro, la espada de la única deidad que reconoces, el Señor de las Tinieblas, has cegado a los hombres con ideales huecos, vana palabrería que no esconde más que fantasías y sueños fútiles cargados de ideales cursis, los más contrarios a la Naturaleza. Y aún dices que eres la portadora de la Razón. Qué funesto engaño. Tú sólo deseabas que cambiara el amo. Sólo anhelabas tomar las coronas de los reyes que derrocabas. La sangre vertida por el oro vertido. Bien lo anunciaba tu primer apóstol, el pelele con humos corso: aún estaba caliente la sangre de su rey y se corona a sí mimo Emperador ante el Santo Padre en nombre de los ideales que desean ver a las coronas y las tiaras bajo tierra. Ennegrecidos por el carbón tus esclavos, tus riquezas son tu púrpura.  
   >>Y luego qué… Libertad, libertad, libertad… Placeres, comodidades, desarrollo científico y muerte del espíritu… embrutecimiento feliz… desvarío arrogante. Le has puesto al asno una zanahoria delante para que trabaje para ti, para que vaya donde tú quieres. ¿Y cuál es su destino? A mí no me engañas: tras el oasis está el desierto. Cuando esté el hombre lo suficientemente cebado y alienado, cuando sólo sea un estómago insaciable, un ser puramente apetitivo…llegará el desorden supremo del que haya de nacer el Nuevo Orden.
   >>Aunque tu apariencia sea juvenil, ya eres vieja. Apariencia, pura apariencia. Eres humo. Y cuando llegue el momento, verás que sólo has sido otro esbirro, un juguete de las sombras… Llegará esa niña aberrante… (Hace ademán de señalarla, pero no está. Se ha escondido).
   -E. Pre: ¡Ja, ja, ja, ja! Qué cosas tiene esa cría. Se ha ido. Y la vieja sin parar de largar. Te ha dejado con un palmo de narices. No hay quien te aguante. Qué pesada. Y qué manera de hablar. No te he entendido la mitad. Relájate, abuela, te va a dar un infarto.

   La Edad Presente se marcha sin despedirse. Camina medio alelada mientras se entregaba a un frenético movimiento de dedos sobre uno de sus juguetes preferidos. 

   -E. Pas: ¡Pobres imbéciles! Están condenados. (Se vuelve hacia la Cruz). Tú eres nuestra salvación.

   La Edad Pasada desaparece lentamente entre las penumbras del olvido.
  








    















2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Me place sobremanera que os haya gustado, amigo mío. Muchas gracias. Ojalá pudiera haber escrito otra cosa. "¡O tempora, o mores!"

      Eliminar

Opinen en buena hora, amigos, opinen, que me huelgo de leerles.