martes, 7 de junio de 2016

SONETO A LA ALMORRANA


   Si es que no puede uno ausentarse: me marcho unos días a la ciudad a solventar ciertos asuntos y a la vuelta me encuentro esto garabateado en una de las paredes de La Caverna. No sé quién habrá podido ser el autor de tan cochambrosos versos, pero lo malicio. Y el caso es que me suenan...
   A ver si pesco a don Anselmo entre borrachera y borrachera y le pido una explicación. De momento, he cerrado a cal y canto la bodega, que luego pasa lo que pasa. En el ínterin, y mientras consigo borrar el soneto de marras, que estoy frotando y no se va, pueden ustedes leerlo. Absténganse maricas locas, y sé por quien lo digo, y adalides de la bobada esa de lo políticamente correcto. Espero al publicarlo no poner el dedo en la llaga (Dios me libre) ni traer a la memoria amargos momentos. Confío en que no siente mal lo que tan mal se sienta.   



Salve, ¡oh!, la tan afrentada almorrana;
ante viento y marea siempre en brete,
es en la orografía del ojete
de rectal y recta honra la guardiana.

¿A qué obedece esta aversión malsana?
Perdonarla podría en un jinete,
y entiendo resquemores de retrete,
mas la tengo por carga muy liviana,

que intactas certifican la decencia
y estorban las miserias bujarronas.
Súfranlas, caballeros, con paciencia,

pues no piden lindezas ciertas zonas.
Las lleva el maricón de penitencia,
amén de lastimadas anfitrionas.








14 comentarios:

  1. Aunque gusto de poner estampas como remate a mis cavernarias letras, me ha parecido oportuno prescindir de tal costumbre en esta ocasión. Seguro que lo comprenden.

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  2. http://4.bp.blogspot.com/-euuMrJYQ9rQ/VBhJiiQ2wtI/AAAAAAAABgY/8ag27tduW94/s1600/chuck.jpg

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  3. Jojojojojojojojo... La verdad es que se agradece la ausencia de estampa, ya lo creo. Desternillante el soneto. Afortunadamente no he sufrido nunca la visita de las molestas ranas en mi posterior bajo, mas sé de algún amigo que ha sufrido lo suyo y más. Lejos de mi sigan.
    Un abrazo, don Diógenes.

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    1. Gracias por la visita y tan amables palabras, amigo don Luis. Celebro que lo que se cuenta le sea ajeno, que la cosa tiene miga. Yo tampoco he padecido tales furibundos ataques, y bien cierto es que quien lo ha padecido lo teme más que a un gobierno de Podemos. El Cielo nos guarde de lo uno y de lo otro. Y que continue la chanza... hasta que nos dejen.
      Un fuerte abrazo, amigo mío.

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  4. Quisiera yo también meter la gamba,
    sabiendo es más pequeña que el gambón,
    marisco de pequeño... a mariscón...
    que danza desde el vals hasta la bamba.

    Pasando el otro viernes por la Camba,
    había estado el jueves en Padrón,
    observo, bien pegado a un paredón,
    cual sierpe venenosa que es la mamba,

    a Checo, el hijo puta de Cambados,
    inflando michelines a su novio,
    que andaban un tantico desinflados.
    ¡Jesús!, cuando los vi ¡menudo agobio!

    ¡Igual que hacen las vacas en los prados!
    No he visto ni en las ranas tanto oprobio.

    Después de retirar su "cimitarra"
    con mucho disimulo hace "que-agarra".

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    1. Gracias por la visita, amigo don Francisco, y por los enigmáticos versos, brillantes y pintorescos. Bujarrones habemus. ¡Hum! Mala cosa, mala cosa. Seguro que la alimaña culiloca y falófaga que frecuenta estas soledades tiene algo que decir.

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  5. Pues ya que va la cosa de ranas polifemas, acá dejo yo aqueste otro soneto que, aunque de menor porte que el arriba puesto, quiere intentar sacar alguna sonrisa a vuesas mercedes. Saludos cordiales a todo el corro.


    SONETO



    Notaba uno en el ojo más sombrío
    una tarde molestas picazones,
    y por estas, e incluso otras razones,
    pensó en dar a su tormento avío.

    La popa, tal si fuese algún navío,
    puso a favor del aura sin calzones,
    mas fueron contrarïos ventarrones
    que soplaron del Polifemo umbrío1.

    Dispuesto, pues, alivio al fin a darse,
    lucubró que tal vez ranas sayones2
    de esas llamas culpables hayan sido.

    Y en postura, que no ha de comentarse,
    halló hirientes lagañas tropezones3
    allí adonde con el dedo había ido.



    1- Polifemo umbrío: metáfora del orificio anal (ojo del culo u ojete) a tarvés de la figura del cíclope Polifemo de la Odisea de Homero que tenía un solo ojo y fue cegado por Ulises.
    2- ranas sayones: metáfora de las hemorroides o almorranas, cuyos síntomas se caracterizan por el dolor y vivo prurito (sayones: pl. de sayón; entre otras acepciones, verdugo, hombre feroz).
    3- hirientes lagañas tropezones: metáfora de los restos de heces secas en forma de bolitas que quedan en el ano por falta de higiene.

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    1. Si pretendía usted hacernos reír y darnos contento, amigo mío, lo ha conseguido plenamente. Donosísimos estos versos, don Fernando. Usted sí que ha puesto el dedo en la llaga...
      Un fuerte abrazo, y que no decaiga.

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  6. Décimas escatólicas de orden varicosa

    Dicen que es placer cagar
    de noche y por la mañana
    salvo que alguna almorrana
    no te deje defecar.
    Uno se tiende a doblar
    en formas hiperboloides
    hasta que, como asteroides,
    dos diminutas pavesas
    sacan su cabeza aviesas
    y atraviesan la hemirroide.

    Y es que lo más placentero,
    lo más dulce y deleitoso,
    si se vuelve doloroso
    hace que el más caballero
    grite como un verdulero
    y aborrezca esos placeres.
    Así pues no vociferes
    por cualquier cosa liviana
    o serás como almorrana
    por donde quiera que fueres

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    1. ¡Jojojojojojojojo! Me quito el cráneo, querido Tío. Qué décimas. Con donaire extremo conviertes un tema tan bajo en materia digna de la Academia de Platón o de la Stoa por la resignación que predican los versos. ¿Almorrana uno? Nunca.

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  7. Y es que hasta de las pobres hemorroides se puede sacar lección moral


    (Don Chafón de la Chorra al Airé, Marqués del Tracto Rectal, invierno de 1517)

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  8. Entrar en la caverna acabo de
    y encuéntrome con tales desperdi
    que cios me parecen más que vi,
    pues cios son que siempre lo sabré.

    Hablar del propio culo es paripié:
    por mucho que lo intento nunca vi
    ni dedo en mis narices yo metí,
    por ello, cuando lo oigo, lo dudé.

    Hablando de almorranas, el soneto
    me dice que me calle, que esté quieto.
    Se ve que las padece... el muy discreto.

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Opinen en buena hora, amigos, opinen, que me huelgo de leerles.