viernes, 1 de enero de 2016

EPITAFIO







Junto a una solitaria
cruz, cuando el final me llegue,
aquí acabarán mis pasos...
sin dejar huella en la nieve.











4 comentarios:

  1. Espero que tarde ese, para mí, triste momento. El epitafio: terriblemente bello, belliísimamente terrible. El lienzo de la imágen es una maravilla. Le va a usted, le va... Como a infante papillas Puleva.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si Dios quiere, y el Frente Popular no lo impide, espero que estos versos se hagan realidad dentro de mucho, amigo mío. De momento, seguiremos tocándole las narices (otra cosa me da mucho asco) a las arañas y demás bichos inmundos que nos rodean. La pica sigue arriba, al lado de la suya, don Fernando, mucho más alta y afilada. "Terriblemente bello, bellísimamente terrible". Jamás un elogio a unos versos superaron de tan excelso modo aquello que elogian. Y celebro que le guste la estampa: nuestro gran amigo Friedrich es un buen camarada que pintó con gran acierto el corazón de los poetas solitarios.
      Brindo por usted y por todos los amigos que peleamos en la trinchera. Y por las paillas Puleva, que bien ricas tienen que estar... ¡jo,jo,jo,jo! Qué sal tiene usted, don Fernando.

      Eliminar
  2. Nuestro buen Friedrich es un felicísimo hallazgo que a usted debo enteramente mein lieber freund. No hay nada como tener amigos mejores que uno y que lo demuestren, además, con el arte. Otro buen amigo mío de las nibelungas tierras, Sigmund von Lantrunn, le envía sus saludos. Sigo ayudándole en acabar su proyecto, y espero poder ver la gloriosa victoria en nuestra mano en breve. Ardo en deseos, al igual que él, de que pueda usted compartir con nosotros tal dichoso día. Siempre a su diestra.
    F.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No se puede negar que de las tierras germanas nos han llegado siempre espíritus sublimes, amigo mío. Y no me cabe duda de que Sigmund von Lantrunn estará a la altura de sus compatriotas más selectos. Con qué placer he de darle los brazos a tan excelente caballero, a quien anhelo conocer con fervor. En mi bodega aguarda un barril con un caldo añejo, y en mi tabaquera una mixtura celestial, para el día inefable en que podamos celebrar la victoria, indudable, de la que habla usted, don Fernando. Contaré los segundos hasta entonces. La Gloria espera.

      Eliminar

Opinen en buena hora, amigos, opinen, que me huelgo de leerles.