jueves, 28 de enero de 2016

El CANTO DEL CISNE



   Tomo la pluma, queridos amigos, en memoria de un gran pintor, quizás el último gran pintor antes de que se impusiera definitivamente, para nuestro mal, la era de la mamarrachada y el garabato, del vil mercadeo del arte. Hablo de John William Godward. Probablemente no lo conozcan. Hasta hace no mucho yo tampoco lo conocía. Con qué elocuencia devastadora habla tal ignorancia de nuestros días.
     Nació este singular portento a mediados del siglo XIX, centuria maldita y fascinante, en la Pérfida Albión, lo que demuestra que no todo lo que viene de esa puñetera isla es malo, como no todo lo que da el suelo patrio ha de ser alabado o defendido. En breve sabrán por qué lo digo.
     Siguió durante su vida la estela del gran Frederic Leighton y, sobre todo, del divino Lawrence Alma-Tadema, del que fue protegido. Maestro y alumno fueron dos griegos, dos romanos, en medio de la prosaica era victoriana, más dispuesta a extasiarse con un billete de veinte libras que con una obra de arte. De hecho, la vocación artística de Godward y la marcha a Italia con una de sus modelos le valió el repudio familiar, una verdadera damnatio memoriae, que llevó, incluso, a que su estampa fuera recortada de las fotos familiares.
     No entraré en análisis formales ni iconográficos sobre su obra. Dejo al sabio entender de los que me lean el buscar información sobre este gran artista, si es que así lo desean. Me limitaré a ofrecerles algunos cuadros suyos, pues una imagen vale más que mil palabras, y más en este caso.
     Gocen, pues, con un paseo por la Antigüedad Clásica vista con lo ojos del arqueólogo y poeta enamorado que supo plasmar admirablemente toda la sensualidad de aquellos felices días, la entrega a la voluptuosidad más exquisita y el culto al buen vivir mediterráneo, al dolce far niente. De sus pinceles se derrama un colorido lleno de vida, aunque transidos de una sutil melancolía, como si el recuerdo dichoso de tiempos pasados se tiñera de dolor por la Arcadia perdida.
     Godward dejó escrito en una carta que “este mundo no es lo suficientemente grande para mí y para Picasso”. Se suicidó acto seguido. No me negarán que es para tenerle enorme simpatía y admiración. Vayan estas letras como humilde homenaje al canto del cisne…







La belleza de la mujer se halla iluminada por una luz que nos lleva y convida a contemplar el alma que tal cuerpo habita, y si aquélla es tan bella como ésta, es imposible no amarla. 

Sócrates








La belleza es muy superior al genio. No necesita explicación.

Oscar Wilde



 

 Más obliga y más puede un rostro bello que un hombre armado. 

Afred de Musset








El espectáculo de lo bello, en cualquier forma en que se presente, levanta la mente a nobles aspiraciones. 

Becquer


   



  


La belleza es una gran recomendación en el comercio humano, y no hay nadie que sea tan bárbaro o tan grosero que no se sienta herido por su dulzura.

Michel de Montaigne





 


Cualquiera que sea su parentesco, la belleza, en su desarrollo supremo, induce a las lágrimas, inevitablemente, a las almas sensibles.

Edgar Alan Poe


 
   




 Es difícil juzgar la belleza: la belleza es un enigma. 

Fiodor Dostoievski
 






 
La belleza es el esplendor de la verdad.

Platón





 




Es lo bello alegría para siempre.

John Keats


















4 comentarios:

  1. ¡Maldita sea!Otra razón más para denostar los garabatos de Picaso. Pero no me meteré con él, me limitaré a disfrutar estas genialidades pictóricas de Godward, sin duda un "God" del pincel. Mil gracias por acercar tal belleza a mis ojos, don Diógenes. Un fuerte abrazo, estimado amigo.

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    1. ¡Albricias! Qué alegría, don Luis. Cuanto tiempo sin verle por esta su Caverna. Gracias a usted por la visita. Celebro en extremo que le hayan gustado las obras de "God-ward": a mí me apasiona. Y de qué modo lamentable ha caído en el olvido, mientras que el pintamonas de Picasso (para mí Nicaso)está hasta en la sopa. No es casual, no...
      Un fuerte abrazo, amigo mío. Seguimos en la brecha. Pronto, es posible que con más de una brecha...

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  2. Si este titán de lo cromático fue protegido de mi siempre admirado Alma-Tadema, entonces con más motivo he de amalle. Se ha lucido usted, amigo mío ¡Qué triunfo! ¡Bravo!

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    1. Gracias, amigo mío. Celebro en extremo que le agrade. Sabiendo de su pasión por sir Lawrence, no lo dudé ni por un instante. Qué triunfo para la humanidad que naciera un pintor así; qué fracaso su muerte.

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Opinen en buena hora, amigos, opinen, que me huelgo de leerles.