domingo, 15 de noviembre de 2015

LADRIDOS EN EL JARDÍN. A BUEN ENTENDEDOR...




“Gente mucha, personas pocas”

                                                 Diógenes de Sínope
                                              


   Este suceso de la vida de Diógenes "el Cínico", llevado jocosamente al verso, nos muestra bien a las claras cuán refractaria es la masa a la verdad y la sensatez y con qué facilidad se la embauca. Qué familiar nos resulta, ¿verdad? Nihil sub sole novum.
                                                                                           


   Caminaba cierto día
Dïógenes por Atenas,
paseando con sus penas
por todo lo que veía.


Mucha era la podredumbre
y grande la corrupción;
pues tanta era la inacción
de la boba muchedumbre.


El ágora hervía en gentes,
malos los más, y cretinos.
Inflaban sus desatinos
políticos y pudientes.


Reinaba infame placer;
gobernaba la mentira:
 excitaba, ¡ay!, el mal la ira
tras la verdad por doquier.


Muy cargado de razones,
harto de tanto percebe,
a la hipnotizada plebe
se arroja, hasta los cojones.


Lánzase a herir al yerro,
a fuer de tener gran ciencia,
para morder la conciencia,
ya que así muerde este perro.


En una fuente se asienta,
y allí desde su tribuna,
aunque más solo que la una,
bien les canta las cuarenta.


Diluvian con gran derroche
sentencias de un alma sabia:
aconseja a los de Babia
y atiza con el reproche.


Mas ninguno para el paso,
y contempla desolado
cómo pasan a su lado
sin hacerle ningún caso.


Le ignora una masa idiota
que abraza con devoción
a su propia perdición,
y no entiende ni una jota.


Le enoja tan vil fracaso,
mas no se da por vencido,
pues su magín ha parido
una traza muy al caso.


<<Ya verá esta patulea
que desoye mis consejos:
quedarán como pendejos
ante mi gran idea>>.


Da comienzo al desvarío:
encomendándose a Palas,
hace de sus brazos alas
mientras canta el “pío, pío”.


Se muda en pájaro el can,
y de lo más mamarracho;
raudo acude el populacho
como si allí dieran pan.


La verdad no les perturba,
mas si el numerito aquél,
y en frenético tropel
se dispara hacia él la turba.


Le contemplan admirados,
entre risas y sorpresas,
aquellas mentes espesas,
y todos muy solazados.  


Pero al poco el sabio para.
Termina su extravagancia
henchido de repugnancia;
¡les mira con una cara!...


<<¡Pero anda que sois cazurros!
Merced a una tontería,
no por mi sabiduría,
os tengo aquí como a churros.


Os aterra la verdad;
rechazáis lo provechoso,
mas con ánimo goloso
devoráis la iniquidad.


Ignoráis a quien os guía
y os da en la tiniebla luz;
luego agacháis la testuz
y adoráis a gente impía.


Sois unos niños simplones:
jugáis sin querer saber,
y siempre vais a caer
en las mismas seducciones.


Venga al vulgar placer culto:
y a un noble bien, rechazo.
Disfrutad en el regazo,
esclavos, de un amo oculto.


Lo digo sin disimulo,
si abrazáis el mal y el daño
entregados al engaño,
por mí, que os den por el culo.>>


Diógenes dejó al gentío
y se volvió a su tinaja:
tan feliz se hizo una paja
abrazándose a su hastío.



Moraleja
El personal no escarmienta:
siempre encima de las masas,
dejándolas como pasas,
habrá un "pájaro" de cuenta.

               
                   
















5 comentarios:

  1. Lamento si en ocasiones ha caído la pluma por los fangos de lo soez, pero tal como están las cosas no es momento de andarse con modales versallescos, que miren cómo acabaron los "versallescos". Se harta uno...

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    1. Genial ristra de redondillas cuyo espíritu y cuyos destinatarios, estos últimos por desgracia, jamás se extinguirán. No se disculpe mi querido don Diógenes por lo que haya podido incluir de soez en ellas, que si acaso llegan a algún cencerro o tarugo, mejor así las entenderá.
      Un abrazo fuerte mi querido amigo y ánimo en la lucha contra los alcornoques.

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    2. Agradezco en extremo los elogios, don Luis, así como celebro que este desahogo mío en un rapto de "diogenismo" le haya placido. No es que los versos sean para tirar cohetes, pero vale para sacudir a la morondanga, que no merece nada mejor. Cierto, la selva de alcornoques es ya casi impenetrable. Qué falta hace una buena tala.
      Un fuerte abrazo, amigo mío. Y si no nos vemos en las trincheras, más que nada porque ya las he dejado, crucemos los vasos en lugares más solitarios y deleitosos.

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  2. Hasta el gran cínico admiraría hoy estos versos. Cierta la sentencia conque se abre el cuento: <>... Hasta Cicerón aquí al caso viene. Grande placer, grande pena, se desprende de esta acertadísima gloria en verso. Ya sólo nos queda la fe... porque sin ella estaríamos perdidos. He aquí las ánforas y cráteras colmadas, brindemos por el rapsoda.

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  3. Brindemos en buena hora, don Fernando. Agradezco los cumplidos y el néctar, ambos deliciosos. Gran placer y gran pena, usted lo ha dicho. Pues sumerjámoslos en esas tinajas que tan generosamente ha traído y allá cuentos. Que le den pienso al ganado, que sabe tanto de eso como poco de aquello otro de "pienso". Brindo por los amigos y por la fe. Hasta la última gota

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Opinen en buena hora, amigos, opinen, que me huelgo de leerles.