miércoles, 2 de septiembre de 2015

A LA MOMIA DE CORREOS


Permitan que interrumpa la relación que desde hace un tiempo vengo narrándoles de mis aventuras para que les participe un curioso lance y su fruto.
Andaba yo el otro día, aunque estaba sentado, a vueltas con mis escritos y en pugna con mi pereza cuando decidí que tres párrafos eran motivos más que suficiente para descansar y fumarse un cigarrillo en la entrada de La Caverna. Caía la tarde. El ocaso era muy hermoso. Al fin, tras un día de calor sofocante, una ligera brisa nos refrescaba. Estaba por la tercera calada, el segundo bostezo y el primer pensamiento sublime, o sea, intranscendente, cuando algo llamó mi atención. En una de las paredes de la entrada había un papel pegado. Me acerqué, con más indolencia que otra cosa, y vi lo que a continuación van a ver ustedes, si es que desean seguir leyendo y no me han imitado y han salido a fumar, con certero juicio, todo sea dicho. No sé quien ha podido dejarlo, pero tengo mis sospechas. Hace demasiado calor para cábalas y explicaciones.




Póngase la venda en la herida quien hasta ahora la tuvo en los ojos.




Más vieja eres que el sol, mojama fea,

tú, que a Matusalén diste papilla

y a Ramsés le leíste la cartilla.

Y pendón de Ahora se pasea…



Crïada en la zahurda vil de Astrea,

su venda cubra faz tan amarilla,

dejará hecha unos zorros a la Villa

y Corte, en tris de ser villana aldea.



Heraldo del desierto el espantajo,

la han mandado a hacer labor de zapa,

cual mascarón de tan grotesco hatajo.



Tras de esta mema momia se agazapa

la pirámide. Siempre por lo bajo,

todo en lo alto domina. Y nada escapa.



La venda de la justicia ha caído. A decir verdad, gana mucho sin gafas la alcaldesa.






8 comentarios:

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    1. No me lo digas: tú suspendías el Latín. Bueno, entre otras muchas asignaturas.

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    1. ¡Hombre! Hojalata, tú por aquí, y con tu habitual elocuencia. Me gustaría decir que me honras con tu visita, pero no quiero mentirte. Y gracias por tan elaborado comentario, digno de ti. Cuando se me ocurra una respuesta adecuada tan glorioso discurso, descuida, que te la envío.

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    1. Me gusta cooperar con la Sociedad Protectora de Animales. Y como sé que te hace feliz...

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    1. Vaya, se ve que estás acostumbrado a decir esa frase, sobre todo cuando estás de espaldas y a cuatro patas.

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Opinen en buena hora, amigos, opinen, que me huelgo de leerles.