jueves, 2 de mayo de 2013

O LA NACIÓN O EL SISTEMA



Se atribuye a Alonso de Ledesma el célebre calambur que circulaba por Madrid en el siglo XVII y que rezaba así: "Si el rey no muere, el reino muere". Dios me libre de hacer mía esta frase, que no deseo que Su Majestad sea prematuramente hospedado en El Escorial. Si la traigo por estos lares cavernosos es porque me viene que ni pintada para ilustrar la disyuntiva que se nos ofrece trágicamente a los españoles: si el Sistema no muere, la nación muere. Con esto quiero decir que si no acabamos con el Sistema, él acabará con nosotros, y a fe que está en un tris de conseguirlo.

Muchos me replicarán que los males del país se deben a la crisis, por no decir al malvado capitalismo o a los pérfidos mercados; otros dirán que ha sido Mourinho quien ha abierto la caja de Pandora. Ciertamente, esta crisis mundial que nos ha caído encima ha acelerado nuestro camino al abismo y ha puesto más claramente de manifiesto la negrura insondable del mismo. Sin embargo, la raíz del mal estaba entre nosotros desde hace mucho, y era tan sólo cuestión de tiempo que cayeramos en la sima.  
  
Imagino que se preguntarán vuestras mercedes qué es eso del Sistema. Por tal entiendo a la sociedad formada por la casta política y sus compiches adinerados, esto es, ciertos hijos de Pluto que pretenden que su riqueza sea la pobreza de los demás. Así pues, no todos los ricos de nuestra malhadada patria están es este guiso. Junto a ellos, a modo de guarnición de las grandes tajadas, está toda la patulea de esbirros diversos, que van desde los plumillas a sueldo, los intelectuales de medio pelo, con poco seso, pero sin un pelo de tontos; y una buen porción de jueces, que venderían la túnica de Astrea por un titular y una buena prebenda, y que hacen ganar a los suyos lo que ellos ha mucho han perdido: el juicio.

Por debajo de estos escalones, la base de la pirámide maldita la compone un ejército de las tinieblas, infantería formada por la hez de la hoz; en otras palabras, lo peor de cada casa. Aun siendo pintoresca esta chusma, la cual, desde luego, daría mucho juego para que mi picarona pluma se diera un banquete, prefiero posar la mirada sobre la cúspide.

En esas alturas encontramos lo siguiente: por un lado, los dos grandes partidos políticos y sus mosquitos trompeteros, los nacionalistas; por otro, ciertos magnates, o mangantes, entre los que se destacan los que tienen en su mano el cuarto poder, con el que hacen y deshacen a su antojo. De entre estos, el primus inter pares lo tenemos destrozando España con Prisa, pero sin pausa: el imperio de Polanco, guía de almas muertas y norte de desnortados.

No me interesa entrar en detalles sobre esta gente, ni pararme en sus hazañas. Todo se puede resumir en lo siguiente: han convertido España en su cortijo, en el cual somos los servidores, por no decir ganado, que trabajan para que ellos no den ni golpe y puedan entregarse a los placeres de una regalada vida tal que ríase usted del más opulento marajá.

Si, señores míos, vivimos en una despreciable oligarquía, fea quimera con ropajes dorados que, merced a sus hipnóticos poderes, se enseñorea de todo haciendo creer a los infelices esclavos que son felices ciudadanos. 

Y cuál es el arma más importante del Sistema: el Estado, del cual se sirve para oprimir a la Nación. Por ello, los que piden más Estado quieren menos Nación, pues el Estado es poder y dinero; y la nación, la gente que anhela vivir con libertad y prosperidad. Excuso recordar que uno de los más ilustres peleles del Sistema dijo que la idea de España, una nación, era discutida y discutible. Lo que no admite discusión es que este sujeto es un majadero.

Daría para mucho esta cuestión, que apenas he rozado, pero como la brevedad es hija del buen gusto y hermana de la paciencia no nos metamos en líos de familia y vayamos concluyendo. Y para ello, dejadme enumerar lo que, principalmente, es necesario para acabar con el Sistema que nos oprime:
   -La desaparición de la Izquierda, que odia con furia la idea de España, a la que considera obstáculo en su anhelo supremo de imponer una dictadura, único fin y obsesión que va en su corrompida esencia. Por Izquierda entiendo básicamente al PSOE y sus mamporreros comunistas y sindicalistas, con toda  la turba que le hace el coro. Los actuales dirigentes del PP no pueden ser considerados de izquierdas, aunque los tengan en nómina.
   -Y ya que estamos con la Derecha, conviene hacer una limpia generosa, liberal, y quitar a tanto señorito sanguijuela, a los timoratos acomplejados y a los que, siendo servidores del pueblo, se sirven de él. A este respecto hay esperanza.
   -Fundamental es la extirpación del cáncer que padece España: el nacionalismo, cómplice en todo aquello que desee destruir nuestro país. Una vez fuera ese lastre, la nueva España, cual Ave Fénix que renace de sus cenizas, debe tomar como cimiento la idea de nación con orgullo y vigor, tal como hacen las principales del mundo. Este cáncer, conviene recordarlo, aún siendo periférico, tiene peligrosas ramificaciones mesetarias. De hecho, la capital de todos los nacionalismos es Madrid.
   -Cumplido lo anterior, sería posible la restitución del Imperio de la Ley y el equilibrio de poderes. Con esto tendríamos una justicia que hiciera honor a su nombre. Sin ello, la libertad está perdida, y sin libertad no hay nada, salvo un espejismo, un sucedáneo de la vida.

Estos cuatros grandes principios son lo que urgentemente hay que poner en marcha. Detrás de ellos, lo demás vendría rodado: una buena educación para el personal, periodismo digno y libre, facilidad para que el trabajador y el esforzado tengan el premio a sus desvelos; la recompensa al talento, etc. En definitiva, todo lo que permitiera una nación próspera de españoles libres. 

Dirán ustedes que esto es fácil decirlo, pero muy difícil ejecutarlo. Ciertamente, los que nos podrían sacar del pozo nos han metido en él, y no levantarán el pie de nuestras cabezas, pues de lo contrario podríamos acabar con su negocio. Y no veo a estos tiranuelos "suicidando" a sus privilegios, ni sacrificando su enorme poder por el bien de España.

Sospecho que necesitarían un estímulo externo y no me refiero al hatajo de acémilas a sueldo de Rubalcaba que creen que van a arreglar la cosa destrozando papeleras. Esta panda sólo nos traería piojos y mugre.

En verdad, es necesario que el ciudadano de a pie se despierte de su larga siesta y diga "hasta aquí hemos llegado". Pero las masas, las grandes multitudes, nunca se han movido por propio impulso. Siempre ha habido alguien que las levantara. ¿Quién, medianamente decente, podría levantar a la gente decente para acabar con tanto canalla como nos rodea? Hoy es dos de mayo. Soñemos... 


 

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