sábado, 27 de abril de 2013

III ¿REPÚBLICA?


 Si buscamos en el DRAE la palabra república,  encontramos como primera acepción, las demás no vienen al caso, lo siguiente: "Organización del Estado cuya máxima autoridad es elegida por los ciudadanos o por el Parlamento para un período determinado". Esta cita de tan socorrido libro es traída a otro de mis cavernarios caprichos para introducir ciertas disquisiciones que han venido a mi caletre luego del tiberio montado estos días pasados sobre si España debe ser una república o una monarquía. La cuestión, dicho sea de paso, me importa una higa, pues coronado o no el Jefe del Estado, esto seguirá siendo la casa de Tocame Roque. Harina de otro costal es la falange del gorro frigio y las intenciones que ha tenido a bien mostrarnos para sosiego de nuestras almas.
   Estos que se dicen republicanos, qué entienden por república. ¿Acaso quieren para España una forma de Estado similar a la de EE. UU o Alemania? ¿Admitirían eso? Sospecho que no, al menos si echamos la vista atrás, y hace falta valor, y vemos lo que los ancestros de esta patuela pensaban, y poco han cambiado. Si vamos a lo esencial de la definición arriba expuesta, la república se caracteriza por la elegibilidad y temporalidad de la Jefatura del Estado. Por ningún lado se ve que la república deba ser de una determinada ideología, sino que en ella caben todas, o, al menos, las que una sociedad medianamente en su sano juicio crea legales.
   Por tanto, y perdóneseme ser machacón, la idea de república es ajena a cualquier ladeo de pensamiento; su naturaleza radica en las características ya dichas y no en el color con que se la revista, pues éste ha de cambiar según las circunstancias. ¿Es menos republica la de los americanos cuando gobiernan los republicanos, o cuando la derecha lo hace en Francia, espejo de republicas? Desgraciadamente, la izquierda española ha secuestrado la idea de república. En verdad, usan tal término como eufemismo para suavizar su verdadero fin: imponer una dictadura al más puro estilo soviético.
   Estos bermejos nuestros, que el otro día dieron en Madrid la nota, y desafinada, con sus desfiles al estilo Plaza Roja y el muestrario de la colección de los tipos más perdularios y estrambóticos que darse puede; estos bermejos, repito, cogieron a la pobre república y la arrastraron por el fango, quedando más despelotada que de costumbre, por no decir hecha unos zorros. Nos hicieron un avance, por no decir retroceso, de lo que sería España si trajeran su invento, que llamarle república (Roma lo fue) me parece un dislate. Por un momento, los calamitosos años treinta revivieron, y los fantasmas de pasadas amenazas sobre todo lo que hay de bueno sobrevolaron la capital.
   Daba la impresión de que de un momento a otro iban a empezar a arder las iglesias, las gentes trajeadas o con bigote llevadas de "paseillo" y las hoces sedientas de sangre a alzarse contra todo aquello que se opusiera al poder de unos pocos que lo habrían de ejercer para su provecho en nombre de muchos, sus esclavos a la postre. Parecióme que espectrales gemidos salían de las profundidades de algunos edificos, antaño checas, y que un hedor a muerte y desolación se mezclaba con el de la contaminación y el tufillo de algún que otro comunista, reñido con el fascista jabón y el explotador e imperialista desodorante.  De lo más tétrico, aunque con un punto hilarante por lo penoso de la concurrencia.
   Y llegado a este punto, cabe preguntarse: ¿monarquía o república? Ni los desmanes y golferías de nuestra actual Casa Real deben ponernos en brazos de la horda frigia, ni el hecho de que, visto lo visto, España y república sean como agua y aceite deben justificar o acallar los escándalos intolerables de los Borbones.
   Cierto que el republicanismo hispano da pavor, pero que me roben y me chuleen los zarzueleros no es plato de mi gusto. De todos modos, y retomo lo escrito arriba: ¿cambiaría algo en España con corona o sin ella? Los Rajoyes, Rubalcabas, Mases, Oteguises y demás chusma politiquil, por no mencionar a la fauna ibérica, que pondrían el espanto en el pecho hasta del mismísimo Rodríguez de la Fuente, van a seguir haciendo de las suyas, con rey o sin él.
     De todos modos, sospecho que la hermosa cabeza de Europa va a cambiar en breve la corona por el gorro frigio. Felipe VI será el último rey de España. ¿Cómo será esa futura república? Mucho me temo que estaremos más cerca de Argentina que de los EE.UU. Miremos el lado bueno: no nos faltarán buenos futbolistas y nos divertiremos muchos con  gallinas cluecas como la Kichner o rasputines godoyescos como Kicillof. Con algo habrá que entretenerse cuando estemos en la cárcel. ¡Ay, estos masones!








4 comentarios:

  1. Intenté poner un comentario pero no lo publicó, y eso que no era una crítica a la entrada del blog

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  2. Parece, querido Conde, que la tecnología aún no ha llegado a mi caverna. Veré qué puedo hacer.

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  3. No me gusta decir obviedades, que para eso ya están los políticos, pero mi comentario se ha publicado, ergo, no hay problemas para publicar comentarios. Seguimos investigando...

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  4. Muchas gracias a aquel que haya considerado sublime este delirio mío.Me halaga. Gracias también a quien lo considera fascista, pues me halaga aún más. Y vaya mi indiferencia a quien le soy indiferente.

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Opinen en buena hora, amigos, opinen, que me huelgo de leerles.